Archivo de la categoría: . Perspectivas (Luis Ruiz Noguez)

Los niños salvajes (26)

JOHN DE LOS MONOS

En una fecha no determinada de 1991, una joven mujer llamada Milly Sebba, al estar juntando leña en la selva, vio un niño pequeño, desnudo, de unos cinco o seis años, en medio de una banda de monos africanos. La mujer dio aviso a los aldeanos y pronto se organizaron para dar alcance al grupo de monos y atrapar al muchacho.

Lograron arrinconarlo en la cima de un árbol. Se dice que los monos presentaron una lucha feroz, protegiendo a uno de sus miembros. El niño, aterrorizado, les lanzó palos. Finalmente lograron atraparlo y lo llevaron a la aldea. Estaba en tales condiciones que, si no lo hubieran atrapado, seguramente hubiera muerto a los pocos días. En la aldea le dieron de comer una sopa caliente que le hizo daño: estuvo enfermo durante tres días. Debido a la diarrea expulsó una solitaria de unos 122 centímetros de largo.

Uno de los aldeanos lo identificó como John Ssebunya, que había desaparecido y al que se le creía muerto, después de que su padre asesinara a su madre en 1988, cuando él tendría unos tres o cuatro años. El padre tenía antecedentes violentos y era alcohólico. Muchos pensaron que el niño había huido de su violento padre, pensando que sería la siguiente víctima. Pero otros supusieron que el padre lo había abandonado en la selva porque lo creyó muerto.

John dice recordar vagamente que un grupo de monos se le acercó con curiosidad. Eran tímidos y precavidos. Poco a poco se fueron acostumbrando al niño y le ofrecieron comida: raíces, frutas, bayas, nueces, papas dulces y kasava. A las dos semanas parecía que lo habían aceptado como miembro periférico de su grupo. John viajaba con ellos en busca de alimento. En su lenguaje entrecortado recuerda: «Subía a un árbol. No dormía muy bien. Cabeza abajo y cola en el aire».

No está claro qué tipo de monos adoptaron a John. Se habla de monos grises, monos verdes, monos de Vervet (Cercopithecus æthiops); otros dicen que eran monos blancos y negros de Colobus (Colobus guereza). Sólo se sabe que eran cinco monos, dos de ellos más jóvenes.

Pero otros, como el productor y director de la BBC, James Cutler (The Boy who Lived with Monkeys), son más escépticos. Según Cutler los monos suelen robar más comida que la que pueden comer. Son desordenados al comer y dejan caer mucho alimento desde los árboles. John pudo haber tomado este alimento que caía al suelo. Pero a favor de la historia de John está el hecho de que los monos de Brevet son de las pocas especies de mamíferos que viven en grupos sociales y que llegan a aceptar y tolerar individuos de otras especies.

La primatóloga, doctora Debbie Cox, del Uganda Wildlife and Education Centre de Entebbe, tuvo oportunidad de estudiar la interrelación de John con un grupo de Cercopithicus aethiops y declaró que en su experiencia John era capaz de comunicarse con los monos de una manera que ella nunca había visto. Ella estima que para aprender el complejo lenguaje corporal y de sonidos de los monos, John debió haber pasado, como dice, algunos años conviviendo con ellos.

Para ese entonces el padre de John ya había regresado a la aldea. Pertenecía a uno de los bandos en conflicto en la guerra civil que había cobrado muchas vidas en Uganda. El hombre no quiso hacerse cargo del muchacho salvaje. Algunas semanas más tarde lo encontraron muerto, una víctima más de la guerra civil.

John fue enviado al Orfanato Cristiano de Kamuzinda, en Masaka, a 160 kilómetros de Kampala, capital de Uganda. Fue estudiado por expertos, que se convencieron de que era un niño salvaje genuino. El niño tenía muchas heridas, cicatrices, y mucho pelo. Sus rodillas eran casi blancas de caminar sobre ellas. Sus uñas eran muy largas y retorcidas. Cuando dejó el grupo de monos evitaba el contacto visual y se acercaba de lado con las palmas abiertas, a la manera simia clásica. Tenía un extraño paso ladeado y echaba los labios hacia atrás cuando sonería. Saludaba a la gente con un poderoso abrazo, de la manera que los monos se saludan. Sin embargo, aprendió a guiñar los ojos, algo que un mono no puede hacer.

Los directores del orfanato Paul y Molly Wasswa, decidieron adoptarlo. Le enseñaron a hablar y a adoptar las costumbres humanas: comer en un plato y dormir en una cama. Como parte de su terapia y enseñanza religiosa se le enseñó a cantar salmos, descubriéndose que tenía una voz muy fina.

Los Wasswa también dirigen A.F.R.I.C.A. (Association for Relief and Instruction of Children in Africa), y dentro de esta asociación promueven el Pearl of Africa Children»™s Choir.

En 1998 Hillary Cook, una dentista de 56 años, de Sheffield, Yorkshire del sur, viajó a Uganda para ofrecer tratamiento dental a una de las etnias más pobres del mundo. Ahí encontró a los Wasswa y escuchó a John. A su regreso a Inglaterra organizó una serie de conciertos en las iglesias de Merseyside, Glasgow, Sheffield, Londres y País de Gales, en un tour de tres semanas.

Los conciertos comenzaron el 6 de octubre de 1999 y los periódicos de Inglaterra los anunciaban así:

«Un muchacho huérfano criado por los monos en la selva africana ha llegado a Gran Bretaña para cantar en un coro de niños».

Entrevistada, la señora Cook dijo:

«Él no se ve diferente a los otros niños del coro, pero la suya es una historia verdaderamente notable. Si no hubiera sido por la intervención de los monos él ciertamente estaría muerto.

«Él es un muchacho tímido y todavía habla lentamente pero cuando canta tiene la voz más maravillosa».

Fue todo un éxito y la BBC decidió filmar un documental sobre la vida de John (Living Proof). Los productores del programa y un antropólogo volvieron con John a África y lo llevaron con una banda de monos para ver cómo se comportaba. Se dieron cuenta que él sigue siendo un feroz protector de los monos y todavía parece ser capaz de comunicarse con ellos. El documental fue transmitido el 13 de octubre de 1999, en plena gira de John.

Actualmente John vive en el pueblo de Kabonge, cerca de Bombo, al Norte de Kampala. El caso de John es uno de los que trata Michael Newton en su libro Savage Girls and Wild Boys.

BELLO

En 1996, los cazadores encontraron a un muchacho de cerca de dos años, viviendo con una familia de chimpancés en la selva de Falgore, a 145 kilómetros al sur de Kano en Nigeria. Fue llevado al hogar de niños de Tudun Maliki Torrey en Kano, donde el personal lo llamó Bello. Se pensó que era el hijo de los Fulani, gente nómada que viajaba a través de la región. Inhabilitado mental y físicamente, con una frente deforme, un hombro derecho inclinado y un enorme pecho, sus padres lo abandonaron probablemente debido a sus discapacidades. Tales abandonos de niños lisiados son comunes entre los Fulani, pastores que viajan grandes distancias a través de la región africana del oeste de Sahel. En la mayoría de los casos los niños mueren, pero este niño parece haber sido adoptado por los chimpancés.

«No sabemos exactamente cuánto tiempo habría estado con los chimpancés», dijo Abba Isa Muhammad, oficial del bienestar casero del niño. «Basados en los rasgos que exhibe, estimamos que lo adoptaron cuando él no tenía más de seis meses y fue cuidado por un chimpancé que oficio de enfermera».

En abril de 2002, cuando tenía cerca de ocho años, apenas había alcanzado el tamaño y el peso de un niño de cuatro años. Cuando lo llevaron al hogar, caminaba como un chimpancé, moviéndose en sus piernas pero arrastrando los brazos en la tierra. Al principio estaba muy agitado, rompía y lanzaba cosas. En la noche saltaba de cama en cama en el dormitorio, molestando a los otros niños. No podía hablar. En la actualidad está mucho más tranquilo. Aunque todavía salta como chimpancé, golpea constantemente su cabeza con las manos ahuecadas, y no habla pero hace ruidos como los chimpancés. Vive en la casa Tudun Maliki Torrey, en Kano, dirigida por Abba Isa Muhammad.

Continuará…

Los niños salvajes (25)

NIÑOS PUERCOS

Desde la década de 1830 se han reportado casos de niños que han sido amamantados por puercas. Están los casos de los niños encontrados en Salzburgo, Alemania y Overdyke, Holanda. También ya habíamos mencionado al Sergei Mironovich Kirov, miembro del politburó soviético que afirmó haber sido criado por una puerca.

En 1984, la agencia de noticias china de Xinhua divulgó la historia de una niña campesina de la provincia de Liaoning, al Noroeste de China, que había sido amamantada por puercas y dormía en su chiquero por las noches. Wang Xianfeng fue dejada como infante con los cerdos de la familia porque su padre sordomudo y su madre mentalmente retardada eran incapaces de cuidarla y nadie más vivía cerca de ellos. La muchacha vivió exclusivamente de leche de puerca hasta que casi tuvo cinco años. Entonces ella comenzó a comer la comida de los cerdos. Siempre era la primera en el canal cuando se llenaba por las mañanas.

En 1983, los psicólogos descubrieron a Wang, cuando tenía nueve años, con la inteligencia de un niño de tres años. El informe no dijo cuándo o cómo la encontraron.

Los expertos de la Universidad de Ciencias Médicas de China y del Instituto Anshan de Psicometría tomaron a su cargo a la niña, y en 1987 cuando tenía 13 años podía leer 600 caracteres chinos, contar a partir del uno hasta el 100, cantar canciones de niños y hacer ciertos quehaceres domésticos. Los experimentos todavía continúan para «ver si la muchacha puede finalmente alcanzar la inteligencia normal» anunció Xinhua.

NIÑOS CABRA

En 1990 se reportó un niño, de ocho años de edad, criado por cabras en los Andes peruanos. Se le dio el nombre de Daniel, el niño cabra de los Andes. Se supone que sobrevivió alimentándose con la leche de las cabras y comiendo raíces y bayas. Fue investigado por un equipo de la Universidad de Kansas.

Continuará…

Los niños salvajes (24)

NIÑOS MONOS

El caso más antiguo de niño salvaje relacionado con monos es el del niño de Casamance. Fue encontrado en la década de 1930, a ladead de 16 años, en Casamance, Guinea Bissau. Estaba desnudo y su piel estaba quemada por el sol. Podía trepar a los árboles tan fácilmente como los monos. No podía hablar, aunque no era sordo.

Se menciona un «niño mono» de Teherán, Irán, capturado en 1961, pero no tengo datos de él.

El «hombre-mono», de 26 años de edad aproximadamente, fue bautizado como John por el personal del hospital de Nairobi, donde fue internado el 2 de marzo de 1982. Fue descubierto por labradores de la región boscosa del Valle de Lambwe, en la costa Este del Lago Victoria. Los encargados de atenderlo decían que le gustaba comer carne y huesos, aunque prefería los plátanos, los cuales comía con todo y cáscara.

Cuando fue llevado al hospital tenía un pedazo de tela que, al parecer, había usado como taparrabo.

De acuerdo con un cable proveniente de Nairobi, Kenya, fechado el 7 de mayo de 1982, un «hombre-salvaje», con hábitos similares a los de los primates, fue atrapado en la floresta del lago Victoria, al Oeste de Kenya, a principios de ese año. La agencia noticiosa de Kenya sugirió que el hombre en cuestión podía ser «mitad primate», aunque el doctor Paul Maundu, del departamento de Salud del Distrito de la Bahía de Homa, opinó que probablemente se trataba de un retrasado mental que se perdió en el bosque.

Robert, un muchacho perdido en la guerra civil de Uganda en 1982 y educado por los monos Vervet.

En 1982, durante el caos de la guerra civil, dieron por muerto a un muchacho de tres años que había nacido en una aldea a 80 kilómetros de Kampala, en el triángulo de Lucero, Uganda. Tres años más tarde, los soldados vieron un grupo de monos de Vervet. Todos se dieron cuenta de una hembra que protegía un paquete pequeño que resultó ser un niño humano. En el orfanato de Naguru en Kampala lo llamaron Robert. Era sordo y mudo. Se cree que había sobrevivido a base de una dieta de frutas y bayas. Cuando lo atraparon caminaba a gatas, no se podía parar y cuando mucho podía estar en cuclillas. A la edad de ocho años lo habían entrenado para ir al baño y había aprendido a caminar y dormir en una cama. Nunca aprendió a sonreír.

El padre Gabrielli, misionero italiano encargado de un centro hospitalario en Sierra Leona, en la costa occidental de África, encontró en 1983 a una pequeña de seis o siete años «más parecida a los monos que a los seres humanos».

El psicólogo Mario Cerutti y su esposa Giovanna Binazzi fueron comisionados por Overseas, un centro de ayuda al Tercer Mundo que opera en la ciudad de Modena, Italia, para que llevaran la niña a Europa. Cerutti afirmó, convencido, que la niña desde muy pequeña debió vivir con esos animales: «se comporta de la misma forma que los chimpancés, emite el mimo grito, no tiene estímulos psíquicos, salvo los instintivos, y reacciona igual que los monos».

La niña caminaba con dificultad en dos pies, pero lo hacía perfectamente a gatas. Comía con voracidad hundiendo su cara en el plato al igual que los animales. Le dieron el nombre de Baby Hospital.

El padre Gabrielli dijo que varios indígenas le avisaron de su existencia y que la pequeña estaba a punto de morir de hambre y cansancio.

Cerutti aclaró que «el misionero que se ocupaba de esta niña salvaje obró según la superstición de los indígenas y del personal que labora en el rudimentario hospital ubicado en la selva; aunque la niña fue bien atendida por dos monjas indias de la congregación de la madre Teresa de Calcuta».

El máximo experto moderno de niños ferales, Andrew Ward, tuvo oportunidad de estudiar un caso en 1987. Ward es mundialmente conocido por su página FeralChildren.com.

El niño, de 5 años de edad, vagaba con una manada de monos en la provincia de Kwazulu-Natal, Suráfrica. Se dedicaban a robar comida y plátanos a los aldeanos. Fue atrapado después de que los aldeanos se enfrentaron a los monos que lo defendieron. Se le envió a la escuela Ethel Mthiyane para niños discapacitados. Lo llamaron Saturday Mthiyane (en otra parte se le conoce como Saturday Mifune). El nombre proviene porque fue precisamente un sábado el día en que lo encontraron y Mthiyane por el fundador de la escuela, Ethel Mthiyane.

No se pudo adaptar al centro de discapacitados y mordía a sus compañeros. Ethel recuerda: «Era muy violento durante sus primeros días de estancia. Rompía cosas en la cocina, lanzándolas a la ventana. No jugaba con los otros niños. En lugar de eso los golpeaba. Le gustaba la carne cruda. Le gustaba dormir desnudo, sin sábanas y se quitaba la ropa».

A finales del siglo pasado algunos periodistas del Johannesburg Mail y del Guardian se acordaron de él y quisieron escribir la historia. Encontraron que no había progresado gran cosa: no hablaba, se seguía alimentando de comida cruda y plátanos, pero ya podía caminar erguido.

De John Ssebunya y de Bello nos ocuparemos más adelante.

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Los niños salvajes (23)

MÁS CASOS DE LOS SETENTAS

No corrieron la misma suerte los dos niños japoneses, al parecer hermanos, que habían sido creados por una loba y que fueron encontrados en 1973. Uno de ellos tenía 3 años y el otro cinco. En 1990 se publicó un reporte de su situación. A pesar del tiempo transcurrido no habían aprendido a hablar

En 1974 el diario peruano El Comercio, de Lima, informaba sobre dos «hombres-simio» que se habían encontrado desde hacía 25 años y que en ese entonces se hallaban recluidos en un hospital de esa capital.

Se encontró que esos «hombres-mono» eran parte de una familia de once hermanos, de los cuales seis presentaban microcefalia (incluyendo a los dos hombres-mono).

La microcefalia es una enfermedad de origen genético que se caracteriza porque los huesos del cráneo no crecen e impiden que el cerebro se desarrolle. Los bebes afectados por dicha enfermedad pueden darse en padres muy jóvenes o muy viejos.

Los «hombres-mono» de Lima caminaban a veces a gatas y tenían los brazos largos y velludos como los simios. Sus actividades eran de carácter instintivo, y emitían sonidos que recordaban las voces de los simios. Ambos tenían, además, cardiopatías congénitas.

Kunu Masela, de seis años, fue visto durante tres años escarbando por alimento con un perro alrededor de la ciudad de Machakos en Kenya. La señora Grace Kubuu le preguntó dónde vivía. «Con Poppy» fue todo lo que dijo. Una tarde ella los siguió hacia fuera en los arbustos y vio el perro arrastrar algunas hojas del plátano para hacer una cama para ellos.

La prensa local publicó la historia, después de lo cual apareció su madre. La señora Rukia Ali Murefu, de 29 años, trabajadora de la plantación de café que se había mudado a Nairobi, dijo que su marido la había dejado cuando nació Kunu en 1977, y ella había luchado por tres años para cuidarlo. Ella era muy pobre, y eventualmente lo abandonó en el bosque. «Sabía que Kunu sería cuidado por Dios – y tenía razón», dijo. «Poppy mi madre. Poppy me da leche», dijo Kunu a un reportero. En 1983, él estaba en un hogar juvenil del gobierno y el perro estaba a cargo de un comerciante de un mercado.

Los lobos salvaron a otra niña Azerbaijani en 1978. Mekhriban Ibragimov, de tres años, perdida en un barranco lleno de nieve, fue encontrada después de 16 horas, abrigada en una cueva con un lobo y tres lobeznos. Ella dijo que la loba madre lamía su cara.

En 1978 se dijo que unos cazadores habían encontrado un niño viviendo con unos osos. Esto sucedió en la India.

También en los setenta se encontró en el distrito de Las Lomas, a 40 kilómetros al Norte de Sullana, del departamento de Piura, al Norte de Perú, un menor, de aproximadamente 10 años de edad, que al parecer no había tenido contacto con otros seres humanos y que sólo emitía chillidos semejantes a los de una ardilla. La prensa peruana lo bautizó como el «niño-ardilla». Según informó el diario El Comercio los vecinos de ese sector rural lo encontraron desnudo, débil, con el pelo muy crecido y se desplazaba a saltos apoyándose en las manos y los pies, como si se tratara de un animal.

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Los niños salvajes (22)

LOS NIÑOS POLLOS

La referencia más antigua que conozco de niños supuestamente criados por gallinas es la leyenda noruega de Jostedalsrypa, o «la gallina de nieve de Jostedal». Se supone que es una leyenda histórica que ocurrió durante la epidemia de «Muerte Negra» que azotó Noruega entre 1349 y 1350.

Al Oeste de Noruega, la gente que vivía en el pueblo de Sogn, trataron de escapar de la epidemia dirigiéndose a Jostedal, un valle oculto entre las montañas. Para mantener el aislamiento no se permitía que nadie se acercara al lugar, pero mantenían la comunicación con sus parientes y amigos mediante cartas que eran colocadas debajo de ciertas piedras.

A pesar de todas estas precauciones, eventualmente todos se contagiaron y murieron. Todos, excepto una niña que se quedó sola en el bosque. Al paso del tiempo la niña fue creciendo y por temor de ser contagiada se ocultaba de todo aquel que se acercara al bosque.

Finalmente fue capturada por unos granjeros de Sogn y se le dio el nombre de Jostedalsrvpa. La joven se casó con un rico granjero de Dinamarca apellidado Heiberg.

La leyenda es muy famosa en Noruega y se han hecho dos películas. La primera, llamada simplemente Jostedalsrypa, fue escrita y dirigida por el director noruego Anja Breien en 1967. La segunda se llama Trollsyn, y también fue escrita por Breien, pero esta vez la dirección estuvo a cargo de Ola Solum en 1994.

No tengo más referencias de «niños pollo» hasta 1956 en que fue encontrado Kevin Halfpenny, en County Down, Irlanda. Kevin, también conocido como «El niño del gallinero», estuvo confinado durante 7 años en un gallinero.

Cierto día, mientras regresaba de la escuela, Desmond Bannon dijo que escuchó ruidos extraños dentro de un gallinero en Halfpenny. Al acercarse se dio cuenta que el gallinero estaba cerrado y que las ventanas estaban cubiertas desde el interior con sacos de cartón.

De pronto, alguien levantó uno de los sacos y Desmond pudo ver: «un chico o una chica extraños con el cabello largo. Estaba todo sucio y no tenía zapatos. Le pregunté su nombre, pero no tuve respuesta. Pregunté otra vez, pero tampoco me respondió».

Durante las vacaciones Desmond visitó el gallinero de nueva cuenta, pero esta vez llevó a dos amigos. Nuevamente el gallinero estaba cerrado. Tocaron en la ventana y el chico levantó el cartón y se agarró de la malla de alambre que rodeaba toda la construcción.

Los niños visitaron el gallinero en otras dos ocasiones antes de avisar a la policía. En cada ocasión los acompañaban cada vez más amigos. Pero el niño nunca respondía a sus preguntas, aunque los miraba fijamente.

Finalmente llegó la policía y el NSPCC. Sacaron al niño del gallinero y lo llevaron al Nazareth Lodge Children»™s Home para que fuera examinado por los doctores. Se determinó que tan sólo pesaba dos stone (12.7 Kg) y medía 75 centímetros de altura. También había sufrido de raquitismo por al menos 5 años debido a estar encerrado en la oscuridad.

La madre de Kevin, Margaret Halfpenny, declaró ante el juez que ella sólo encerraba al chico cuando iba a Downpatrick a hacer las compras. Ella tenía otras tres hijas y un niño, pero todos iban a la escuela. No podía dejar sólo a Kevin, por lo que lo encerraba en el gallinero para que no se hiciera daño. Pero las evidencias mostraban que el niño no se podía sostener en pie y que la falta de luz solar así como una dieta escasa en vitamina D le habían producido raquitismo.

Margaret fue condena a 9 meses de prisión. Kevin permaneció en Nazareth House a cargo de la hermana Irene Maher. Fue sometido a varias operaciones en las piernas y finalmente se quedó a trabajar con las Hermanas de la Caridad.

El corto Bye-Child, se basa en historias similares a la de Kevin.

Sunjit Kumar, fue encerrado y atado en un gallinero poco después de su nacimiento, en 1973, en el pueblo de Suva, en las islas Fiji. Su madre murió en el parto y el niño le fue entregado al abuelo a la muerte del padre (suicidio), en abril de 1976. Sunjit vivió dentro del gallinero hasta la edad de 8 años, cuando escapó. Durante todo ese tiempo casi no tuvo contacto con seres humanos por lo que adoptó el comportamiento de las gallinas: «picoteaba» su alimento, saltaba como un pollo, se subía en los pasamanos, cacareaba en lugar de hablar, hacía ruidos como los llamados de las aves, mantenía los brazos de una forma parecida a las gallinas y prefería dormir en el gallinero en lugar de una cama.

Después de que se escapara, lo encontraron una noche de 1979 sentado a la vera del camino. Lo llevaron a Samabula Old People»™s Home en Suva, un asilo de ancianos, en donde el personal no supo que hacer con él y lo volvió a atar, esta vez en una cama, durante más de veintidós años. Así pasó el tiempo hasta que en el 2004, la neozelandesa Elizabeth Clayton, presidenta de un club rotatorio en la ciudad capital de Fiji, se enteró del caso e hizo que varios doctores lo examinaran. Los especialistas no encontraron ningún defecto mental. Los profesionales convinieron que su condición era el resultado de años de negligencia y abuso.

Clayton se hizo cargo de Kumar y lo tomó bajo su tutela. Acondicionó una estancia del orfanato que se encuentra en una vieja fábrica abandonada y contrató a médicos para que le dieran terapia. Clayton dice que Kumar ha hecho un «progreso notable», aprendiendo a caminar y hablar como un ser humano, y ahora vive de una forma relativamente normal. Hay un sitio en Internet, The Rotary Sujit Kumar Foundation web site. Vídeo disponible aquí.

La historia de la «Niña pollo de Portugal» no es muy diferente. Maria Isabel Quaresma Dos Santos fue encontrada en enero de 1980 cuando tenía 9 años de edad. La encontraron encerrada en un gallinero, en Tabua, Portugal. Ella había nacido a finales de 1970 y había pasado 8 años encerrada en el gallinero. Su madre, Idalina Quaresma Dos Santos, era deficiente mental. Los vecinos conocían de la situación pero ninguno quiso interferir en lo que consideraban un asunto familiar.

Sólo María João Bichão (¿una trabajadora social?) se interesó en la niña y la envió a varios hospitales para que la atendieran y la sometieran a diversas pruebas. Pero al término de los análisis fue regresada a su madre, una campesina deficiente mental, y al hombre con quien cohabitaba.

La niña, de 10 años, manifestaba las mismas reacciones que las gallinas, durmiendo en el suelo y caminando de una manera muy extraña moviendo sus brazos como si fueran alas. Isabel no hablaba y colocaba sus brazos imitando la forma de las gallinas. Hacía sonidos como las gallinas. Comía el mismo alimento que le daban a las gallinas y hacía del baño en cualquier lugar. Estaba desnutrida y tenía una catarata en uno de los ojos, probablemente debida a un rasguño de las gallinas.

Isabel fue llevada al hospital del distrito y luego trasladada a una clínica de Lisboa. Finalmente fue ingresada en una institución para niños discapacitados, pero no hizo grandes progresos. Aunque sus edad física era de 18 años, la mental tan sólo rebasaba la de un niño de 2 años. Aprendió a caminar, pero nunca pudo aprender a hablar.

En los años 90, descubrieron a un filipino de dos años de edad conocido como Jesse Boy encerrado en un gallinero donde su padrastro lo confinó por siete meses después de golpearlo gravemente. Cantaba como un gallo, cacareaba como una gallina y tomaba el alimento como si su boca fuera un pico. También aleteaba sus brazos como alas como si intentara volar.

Una agencia de cuidados infantiles en la ciudad de Manito lo rescató después de pagar una cuota. Después de un cierto tiempo de terapia sin especificar, él dejó de cantar por la mañana y aprendió a comer en una mesa, pero en 1999 sin embargo sólo hablaba con monosílabos. También continuaba aleteando sus brazos al jugar con otros niños discapacitados.

Continuará…