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El maíz transgénico

EL MAÍZ TRANSGÉNICO[1]

Mario Méndez Acosta

Se ha mantenido, a lo largo del último decenio, un debate muy enconado sobre la viabilidad del consumo del maíz transgénico en México. Los bandos en contra y a favor tienen razones aparentemente muy válidas para sostener sus asertos y temores, por lo que es necesario llegar a una solución de consenso.

Hoy, con una crisis mercantil de este cereal, vemos que se culpa al maíz transgénico de ser portador de sustancias tóxicas para el cuerpo humano y se asegura que ocasiona daños como alergias, aunque no hay, empero, estudios controlados que lo demuestren.

La agricultura es, a no dudarlo, una de las actividades humanas con mayor impacto sobre el medio ambiente y, desde luego, sobre la biodiver­sidad de la vida en la Tierra. Su más grave efecto ha sido el reemplazo de la diversidad vegetal por el cultivo de algunas especies vegetales en una zona determinada. A ello se agrega el uso de pesticidas, herbicidas y fertilizantes que, en ocasiones, tienen un efecto devastador en la flora y la fauna originales.

No obstante, es indudable que las labores agrícolas, así como muchas otras actividades de nuestra especie, resultan indispensables para satisfacer la creciente demanda de insumos de la población del planeta. En el presente ya existe alguna conciencia de que es necesario limitar al máximo los efectos nocivos para el medio ambiente y la diversidad biológica. En el caso de la agricultura se hace deseable la reducción del uso de agroquímicos que dañan el medio ambiente, así como la obtención de variedades vegetales con mayor productividad para disminuir la necesidad de abrir nuevas zonas de cultivo. Paradójicamente, la solución a estas dos exigen­cias la da, sobre todo, la tecnología transgénica.

Hherrera Como señala el biólogo mexicano Luis Herrera Estrella, del CINVESTAV – Irapuato, el uso de plantas -es decir vegetales- transgénicas tal vez sea la respuesta más prometedora aunque también es la que más controversias ha causado. Su enorme potencial para aumentar la productividad, bajar los costos de producción y reducir el uso de agro­químicos ha sido claramente documentada en los casos de las plantas transgénicas resistentes a insectos, a virus y herbicidas. Estas caracte­rísticas, en conjunto, representaron, en 1998, un beneficio adicional de más de 800 millones de dólares a los agricultores de todo el mundo; ello significa una reducción del uso de herbicidas de 10 a 40% y de 40 a 100% en insecticidas en las áreas cultivadas con plantas transgénicas resis­tentes a herbicidas e insectos, respectivamente, y un incremento promedio en la producción de maíz, soya y algodón de más de cuatro por ciento por hectárea.

Existen nuevos desarrollos científicos capaces de prever el desarrollo de plantas que requieran menos fertilizantes para crecer o pueden ayudar a limpiar sitios contaminados por la presencia de metales pesados y, por lo tanto, es muy probable que alcancen un enorme significado para la conservación del medio ambiente y la biodiversidad.

A pesar de los claros beneficios económicos para el medio ambiente el uso de las variedades transgénicas, amplios sectores de la sociedad, sobre todo en países en desarrollo, han mani­festado su preocupación por los posibles efectos negativos que tendría el uso de las plantas trans­génicas para el ambiente; así, se ha llegado a afirmar que dañan y envenenan los suelos y enferman a las personas.

MartinezSoriano La principal preocupación de estos grupos es el efecto que pueda tener la transferencia de los genes extraños a especies silvestres o a malezas. Es importante puntualizar que ya existe la tec­nología adecuada para evitar que dicha transfe­rencia ocurra y, además, sabemos que en diversos laboratorios del mundo se están desarrollando más tecnologías para eliminar la necesidad de utilizar genes poco deseables para la producción de plantas transgénicas, como son los genes que confieren resistencia a antibióticos. Al respecto, ha sido el biólogo mexicano Juan Pablo Ricardo Martínez Soriano quien ha demostrado que no hay tal contaminación[2].

En México, también se ha destacado la labor del ya citado doctor Luis Herrera Estrella, cuyas investigaciones son reconocidas en el ámbito internacional, no sólo por ser pionero en el esta­blecimiento de la ingeniería genética como una herramienta indispensable para el estudio de la biología vegetal, sino porque su trabajo se ha convertido en una referencia obligada para quien entiende que la biotecnología agrícola es una piedra angular para el desarrollo futuro de los países con economías emergentes.

Herrera es contundente al señalar que resulta curioso que Greenpeace y otras gentes ataquen la ingeniería genética de manera violenta, afir­mando que se están haciendo cosas terribles que sólo sirven para enriquecer más a las empresas multinacionales dominadoras del mercado mun­dial agrícola, sin darse cuenta, al parecer, del enorme potencial que la ingeniería genética tiene tanto para favorecer a los agricultores pobres que siembran sus cultivos en suelos marginales, como para resolver problemas ecológicos de gran importancia.

Ciertamente, es necesario limitar las prác­ticas abusivas de las empresas agroquímicas transnacionales que acaparan patentes y varie­dades de semillas controladas más allá de la bioética, pero para ello no resulta necesario estig­matizar la ciencia agronómica mexicana.

Referencias

Herrera Estrella. Luis. «Alimentos genéticamente modificados: mitos y realidades». Teorema Ambiental. Núm. 44. Domingo 1 de febrero de 2004


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo, No. 206, México, abril de 2007, Págs. 60-61.

[2] Juan Pablo Ricardo Martínez Soriano. «Transgenic Maize in Mexico: No Need for Concern». Science Volume 287. Number 5457 p. 1399 February 25, 2000.

Capricho por lo orgánico

CAPRICHO POR LO ORGANICO[1]

Mario Méndez Acosta

Prácticamente todo lo que cultivamos y consumimos ha sido modificado mediante selección artificial y otras formas de manipulación genética para convertirlo en algo más nutritivo y paladeable.

A lo largo de los milenios, el ser humano ha transformado profundamente la natura­leza, pero sobre todo, ha modificado en su beneficio aquello que le sirve de alimento.

ALGUNOS EJEMPLOS

El maíz original, conocido como teocintle, no era más que una forma de pasto cuya semilla se daba en una pequeña espiga. Siglos de selección artificial llevaron a los mesoamericanos a cul­tivar, ya para el siglo XVI, la suculenta mazorca que hoy conocemos.

La manzana silvestre original, que se daba a orillas del Mediterráneo, era un pequeño fruto color de rosa de sabor agrio. Ahora, tres milenos después la manzana es ese jugoso, crujiente y dulce fruto de color rojo subido y de más de 300 gramos de peso. Esto se ha logrado mediante manipulación genética y la eliminación de plagas.

Las vacas actuales han sido seleccionadas para dar hasta más de 40 litros de leche diaria­mente, mucho más de lo que requeriría la cría ordinaria de becerros en la vida silvestre. Lo mismo se puede decir de la carne de todo tipo y otros productos agropecuarios.

No obstante, y como parte de una reacción irracional de muchas de las sociedades contem­poráneas a la tecnología, ha surgido una ten­dencia a producir e introducir al mercado como si tuvieran alguna ventaja intrínseca, productos llamados orgánicos cultivados biológicamente sin fertilizantes industriales, sin plaguicidas y, desde luego, de mayor precio y mucha menor calidad, además de un sabor muy inferior a los productos de la agricultura y la ganadería tecnificadas.

NATURAL BUENO, MODIFICADO MALO

MugabeSe engaña y alarma al consumidor, asegurando que los alimentos a los que ha sido aplicada la tecnología agronómica son dañinos, sobre todo, sin presentar evidencias.

Recientemente, influidos por información falsa pregonada por grupos políticamente motivados como Greenpeace, algunos países africanos han rechazado envíos de semillas nutritivas y de alta calidad, argumentando que su origen transgénico pueden hacerlos dañinos a la salud. Un reciente conflicto entre Zimbabwe y Estados Unidos des­tacó el problema.

El presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, rechazó en junio pasado un cargamento de 10 mil toneladas de maíz donado por Washington para aliviar el hambre que afecta a la mitad de los 12 millones de habitantes de ese país. Mugabe alegó, sin base alguna, que la presencia de maíz transgénico en ese cargamento implicaba riesgos sanitarios.

Borlaug Al respecto, señala el Premio Nobel Norman Burlough, creador de la revolución verde y la per­sona que más ha hecho por aliviar la hambruna en el mundo actual, que se miente de forma abierta al señalar que esos productos no son probados rigurosamente antes de autorizar su distribución al consumidor.

Existe una tendencia a sacralizar lo natural, como si todo ello fuera beneficioso y lo artificial, dañino. En la naturaleza existen grandísimos venenos y no es necesario buscarlos en las serpientes. El señor que sale a buscar hongos comestibles y no los distingue bien puede llevarse a casa unas cuantas setas que lo fulminen; así pues, se hace indispensable desterrar la idea de natural como sinónimo de inocuo.

PilarCarbonero Según la ingeniera agrónoma y bioquímica española Pilar Carbonero «el riesgo cero no existe, ni para los transgénicos ni para caminar por la calle». Para hacer transgénicos hay que saber mucho de bioquímica, algo que no saben los agricultores. Ellos hacen los cruces, meten así en las plantas el gen que quieren así como otros mil más que no les interesan, pero que reducen el rendimiento, por lo que luego tienen que hacer retrocruces para ir eliminando los genes sobrantes. Es un proceso muy complejo, muy largo y muy caro.

«México -explica- tiene mucha inversión y un reconocido avance en ingeniería genética en plantas; está a la altura de cualquier univer­sidad del mundo y por eso, en el caso del maíz, los científicos más connotados del país ya ini­ciaron un estudio: el flujo genético entre las dife­rentes variedades; tenemos la experiencia de los híbridos y las razas de este grano. Se calcula que este análisis llevará tres años.

«Pronunciarse a favor de los transgénicos re­sulta políticamente incorrecto en una sociedad con un comportamiento esquizofrénico respecto de la tecnología, pues es incapaz de renunciar a ella, pero teme a casi toda innovación. La cues­tión de los transgénicos no resulta novedosa en ningún sentido: la reacción en contra, por parte de los grupos sin información o fanatizados, también se ha mostrado ante otros avances recientes; pero la verdad es que la modificación genética es tan antigua como la agricultura, a pesar de que quienes se oponen prefieran ocultárselo a sus seguidores, porque hemos estado mezclando genes de plantas desde que empezamos a cultivar la tierra.

«El hombre ha estado manipulando genes desde que se hizo agricultor. Todos esos riesgos achacados a los transgénicos existen desde que la agricultura es agricultura, hace unos 10 mil años. Cuando roturamos un campo virgen y plan­tamos maíz, disminuimos la diversidad en esa zona. ¿Que algo de polen de maíz, pueda ir a parar en la parcela de al lado? Pues, es posible, y que con ello también ocurran cruces, en particular si ambos campos fueron plantados al mismo tiempo y tienen la floración a la vez…

«En el caso de los transgénicos, todas esas cuestiones están muy controladas y se ponen barreras. El maíz que cultivamos aquí vino de América. No existía en España antes de Colón. Imagínese los trastornos ecológicos que se produjeron entonces: trigo para allá, tomates y maíz para acá, argumenta Carbonero, desde España. La ventaja de la manipulación directa de los genes frente a lo que hacen los agricultores tradicionales es que sólo se introducen los genes que se quieren y es un proceso totalmente con­trolado que no depende del azar, como los cruces tradicionales.

Bibliografía

Carbonero, Pilar. La agricultura biológica es un capricho de niños ricos. El Correo Bilbao: 2006.


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo, No. 202, México, febrero del 2007, págs. 58-59.

Nubes Hole Punch sobre Wenatchee. La nave nodriza

El Gusano: Nube extraña flotando como una nave nodriza

Por Michelle McNiel

15 de marzo 2010

WenatcheeHolePunch Fotografía de una nube hole punch tomada por Howard Lowell, mirando al sureste de Wenatchee y publicada en el sitio Web del Servicio Nacional de Meteorología en Spokane.

Creaciones de nubes: A fines del mes pasado, una inusual formación de nubes al sur de Wenatchee llamó la atención del residente de Wenatchee Valley, Howard Lowell. Tomó algunas fotos y luego las envió al Servicio Meteorológico Nacional, que las publicó en el sitio web de la agencia.

Lo que parece ser agujeros o grandes aberturas en la cubierta de nubes son un fenómeno inusual extraoficialmente llamado nubes «Hole punch». (Google tiene mucha información interesante y fotos en línea acerca de ellas.)

Según el Servicio Meteorológico, la causa exacta de las formaciones de nubes no se conoce. Pero la teoría es que el aire descendente o aviones que viajan a través de las nubes perturban la capa de nubes. Se producen en nubes que se componen de cristales de hielo y gotitas de agua sobreenfriadas – agua que está debajo de la temperatura de congelación pero aún en forma líquida. Sólo leves perturbaciones en las nubes pueden crear un vacío que da la apariencia llamativa de un agujero en las nubes.

Las dos nubes hole punch que se veían al sur de Wenatchee, el 28 de febrero también fueron recogidas en las imágenes de satélite desde el espacio, según el servicio meteorológico.

En octubre pasado, una gran nube hole punch se formó sobre Moscow, Idaho, incitando los rumores generalizados de avistamientos de ovnis. El periódico británico The Sun informó que un «misterioso Halo ovni» se había formado en la ciudad de Idaho.

http://www.wenatcheeworld.com/news/2010/mar/15/the-worm-strange-clouds-hover-like-a-mothership/

Apocalipsis de bolsillo

APOCALIPSIS DE BOLSILLO[1]

Mario Méndez Acosta

La posibilidad de que, a manera de efecto indeseado «“por causa de sus recientes experimentos con las bases constitutivas de la materia- pudiera el ser humano provocar la destrucción del globo terráqueo, ha sido considerada varias veces a lo largo de los últimos setenta años.

La primera vez fue cuando se llevaron a cabo los primeros experimentos de fisión nuclear, mediante reacciones en cadena, cuando se logró partir el átomo, en los años treinta del siglo XX.

En aquel intento de producir una reacción nuclear, con el fin de crear una bomba atómica utilizable, se llegó a especular si dicha reacción en cadena se podría extender a toda la materia circundante y causar una explosión nuclear pla­netaria que vaporizara a toda la Tierra.

Esto, desde luego, no ocurrió, y no sólo por pura casualidad, sino porque se tomó en cuenta que los átomos integrantes de la materia de la corteza terrestre son muy estables y se encuen­tran sólidamente combinados entre sí, formando minerales muy resistentes a este tipo de inter­ferencias nucleares y a los efectos de la energía desatada por una reacción de este tipo.

No obstante, en los últimos años ha surgido una nueva controversia entre físicos de primer orden -y algunos improvisados- en torno al posible riesgo que representaría llevar a cabo ciertos experimentos en aceleradores de partí­culas, y en especial con un experimento consis­tente en hacer chocar de frente, a una velocidad equivalente a 99.995% de la velocidad de la luz, dos núcleos atómicos de oro, cada uno con 197 nucleones -es decir protones y neutrones-, todo con el objetivo de estudiar el plasma derivado de la interacción entre los quarks con los gluones así como varias otras propiedades nucleares. Los gluones son las partículas que transmiten la fuerza nuclear fuerte; la que mantiene unidos los quarks y forma tanto los protones como los neutrones del núcleo de esos átomos de oro. Nunca se ha observado un quark en estado libre.

Según Francesco Calofero, un físico italiano de la Universidad de Roma, el acelerador de par­tículas LHC (gran colisionador de hadrones) será el más poderoso del mundo. «Hará chocar partí­culas fundamentales unas con otras, con niveles de energía similares a los existentes en el primer billonésimo de segundo después del Bíg Bang, la gran explosión primigenia que dio lugar a nuestro cosmos, cuando la temperatura del Universo era de cerca de diez mil billones de grados Celsius.

«Los experimentos consisten en disparar par­tículas de muy alta energía, unas contra otras, a muy alta velocidad, lo que permite aprovechar mucha más energía, pero ello pudiera ser peli­groso, ya que estas colisiones son diferentes a las colisiones naturales de partículas debidas, por ejemplo, a los choques de átomos con los rayos cósmicos».

Los choques de partículas aceleradas a gran velocidad, justo en sentido encontrado, y con una alta energía, están produciendo partículas muy pesadas de muy baja velocidad, como los llamados quarks extraños, o bien hoyos negros microscópicos y hasta monopolos magnéticos. Por su baja velocidad, estas partículas pueden ser capturadas por la Tierra y significar un peligro potencial para el planeta.

Señala Calofero que, en este mismo momento, partículas potencialmente peligrosas, como los tales quarks extraños, se producen con choques de ese tipo en el acelerador RHIC (Colisionador relativístico de iones pesados), en Long Island, Nueva York. Si esto no ha producido un evento catastrófico hasta hoy, «¿qué sucederá si esta actividad prosigue durante meses o años?»

Se teme que un mini-hoyo negro eventual­mente devore la Tierra y todo lo que en ella vive. Otra posibilidad es que, al crear materia extraña con esos quarks extraños, ésta sustituya a toda la materia ordinaria, destruyendo, como conse­cuencia, el mundo.

Pero lo cierto es que no existe en el citado acelerador, ni remotamente, la suficiente materia para crear un hoyo negro del tamaño de un núcleo atómico.

Carlip Cualquier hoyo negro que se crease en el ace­lerador tendría tan poca masa que -según el físico Steven Carlip de la Universidad de California, en Davis- tal hoyo se evaporaría en una fracción insignificante de tiempo (diez elevado a la menos 90 segundos).

De igual manera, la probabilidad de que se produzcan agrupaciones de quarks extraños, lla­madas strangelets, nunca detectadas hasta la fecha, y que sustituyan a los núcleos ordinarios es increíblemente baja e implicaría esperar muchas veces el tiempo en que ha existido el Universo.

Choques como esos han ocurrido en la super­ficie de la Luna desde que ésta se formó y nunca hemos tenido un evento catastrófico. La verdad es que el microcosmos tiene la característica de que se ve limitado por poderosas salvaguardas para evitar que sus azarosos eventos repercutan en el macrocosmos donde vivimos.

Detrás de estos temores se encuentra la noción de algunos de sus promotores quienes piensan que el hombre está jugando a ser Dios al interferir en el funcionamiento de las bases de la creación y del comportamiento de la materia.

Los propagandistas del Apocalipsis de bolsillo han logrado, no obstante, inquietar a los políticos ignorantes y se han convertido en un obstáculo más al financiamiento de la investigación científica.

REFERENCIAS

Thomas D. Gutiérrez, Doomsday Fears at RHIC. Skeptical Inquirer: May-June. 2000.

Calogero, Francesco. Might a Laboratory Experiment Destroy Planet Earth?, Interdisciplinary Science Reviews, 25 (Autumn 20001).


[1] Publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo, No. 200, México, octubre de 2006, Págs. 58-59.

Murió Charles B. Moore

Charles B. Moore, 1920-2010

cbmoore1 Ceremonia de entrega de Doctorado para C. B. Moore. De izquierda a derecha: Paul Krehbiel, Moore, Stirling Colgate, Bill Winn.

Socorro, Nuevo México, 4 de marzo, 2010 – Charles B. Moore, reconocido investigador de física atmosférica, falleció el 2 de marzo de 2010, en Socorro.

Moore fue profesor emérito de física en New Mexico Tech y ex presidente del Langmuir Laboratory for Atmospheric Research del Tech. Aunque se retiró en 1985, se mantuvo activo en su investigación hasta los últimos años, cuando la enfermedad de Alzheimer lo afectó. Le sobreviven su esposa, Wilma, y sus tres hijos, Charles III, Rita, y Malcolm.

Moore, tomó un camino largo y tortuoso, a la altura de su profesión, gestionando un bypass a un doctorado en el camino, hasta 2003, cuando se le concedió un doctorado honoris causa por el New Mexico Tech. Recibió numerosos premios por sus colegas científicos, incluyendo una beca otorgada por la Unión Geofísica Americana, el Otto C. Winzen Lifetime Achievement Award del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica, y el Lifetime Achievement Award de la Atmospheric Electricity Community.

Moore nació el 28 de octubre de 1920, en Maryville, Tennessee Empezó la universidad en el Georgia Institute of Technology en 1940, pero como muchos de su generación, su educación fue interrumpida por el servicio militar en la Segunda Guerra Mundial. Sirvió como oficial de equipamiento meteorológico del .S. Army Air Corps en China, Birmania e India, y más tarde fue un observador meteorológico en la China ocupada.

Moore volvió a Georgia Tech, donde completó su licenciatura en ingeniería química en 1947. Luego fue contratado para el Proyecto Mogul de New York University, quien condujo el proyecto para el U. S. Army Air Corps.

Más tarde recordó que el campo de extensos viajes fue lo que terminó sus estudios de posgrado.

El Proyecto Mogul participó en el lanzamiento de globos para llevar micrófonos hasta la base de la estratosfera, donde la temperatura de la atmósfera es altamente eficaz para refractar las ondas de sonido. En ese momento, en 1947, los Estados Unidos estaban preocupados en escuchar los ensayos nucleares de otros países, especialmente la Unión Soviética, por lo que fueron lanzados micrófonos sostenidos en globos para escuchar los sonidos.

El experimento tuvo éxito en la detección de pruebas nucleares de los EU en el Pacífico Sur, a 6.000 kilómetros de distancia, pero también añadió una nota importante a la historia cultural de América. Un globo lanzado por Moore en junio de 1947, resultó ser después el elemento que fue consagrado en Roswell como un «ovni». Moore no se dio cuenta del papel que había desempeñado en el drama, hasta que vio una foto en el periódico de las piezas del «ovni» en la década de 1990.

Moore fue considerado un pionero en el desarrollo y prueba de globos de polietileno modernos como herramientas de investigación atmosférica. En 1947, se realizó el primer vuelo en un globo de este tipo, y en una prueba más tardía, se hizo un vuelo en globo de 24 horas de Minneapolis a Nueva Jersey. En 1957, hizo un récord de vuelo a la altitud de 82.000 pies en una góndola del globo presurizado, con el comandante Malcolm D. Ross. Durante este vuelo, que hizo las primeras mediciones que descubrieron rastros de vapor de agua en la atmósfera de Venus.

Después de haber llevado cámaras de reconocimiento a gran altura para la Fuerza Aérea de los EU, un programa para volar globos para llevar estas cámaras sobre la Unión Soviética fue creado por General Mills, con quien Moore trabajó hasta 1953. Posteriormente, se le ofrecido una oportunidad de trabajar para Arthur D. Little, una compañía de investigación en Cambridge, Massachusetts, de nuevo en un proyecto de investigación en globos. Mientras estuvo allí, diseñó y construyó los primeros vaporizadores de metal alcalinas utilizados en los cohetes transmitidos por las sondas de la ionosfera. También en Little, Moore conoció y comenzó su larga colaboración con el Dr. Bernard Vonnegut.

Vonnegut fue conocido como el científico que había descubierto que el yoduro de plata, podría ser utilizado para la siembra de nubes. En 1956, Moore y Vonnegut fueron invitados a Nuevo México por E. J. Workman, entonces presidente de New Mexico Tech, para realizar investigaciones de tormentas en el monte Withington, a unos 70 kilómetros al oeste del Tech. Durante tres veranos consecutivos, Moore y Vonnegut transportaron camiones con equipos hacia y desde Boston cada año, hasta el fatídico día en 1958, cuando Moore sugirió que lo que necesitaban era un laboratorio de montaña donde el equipo pudiera mantenerse durante todo el año.

A Workman y su colega Marx Brook les gustó la idea, pero en lugar del monte Withington, como Moore había propuesto, decidieron poner su laboratorio en las montañas Magdalena, cerca de Socorro y dentro de la línea de visión del campus. En 1964, su laboratorio – Langmuir Laboratory for Atmospheric Research – fue construido y preparado para ponerlo en funcionamiento. En 1965, el Dr. Stirling Colgate, el nuevo presidente de New Mexico Tech, ofreció puestos de trabajo tanto a Moore como a Vonnegut. Este último prefirió quedarse en Arthur D. Little – y más tarde se trasladó a SUNY Albany – pero Moore estaba encantado con la oportunidad y llegó al Tech como profesor asociado de física y físico de investigación.

En 1969, se convirtió en el presidente del Laboratorio Langmuir. Durante su tiempo en el timón, Moore amplió considerablemente las instalaciones del laboratorio. Obtuvo financiación y organizó la construcción de una adición importante a la construcción principal, un hangar de globos, un hangar para aviones y habitaciones subterráneas protegidas (jaulas de Faraday) en South Baldy Peak para el estudio de rayos. También fue responsable de la construcción de un radar de barrido vertical y de la solución de los problemas políticos para permitir el lanzamiento de cohetes instrumentados en tormentas eléctricas sobre el Laboratorio Langmuir. Además, organizó la modificación y la instrumentación de un avión que ha volado en las tormentas eléctricas durante muchos años.

Moore también enseñó técnicas de lanzamiento de globos en clima severo a varios profesores y estudiantes del Tech, muchos de los cuales continuaron su labor en el campo. Así, fue el mentor de muchos de los científicos de hoy que estudian las propiedades eléctricas de las tormentas severas.

Moore nominalmente se retiró de New Mexico Tech en 1985, pero continuó estando activo en la investigación. Él desarrolló la primera mejora real a los pararrayos desde que Benjamin Franklin los inventó en el siglo 18, al demostrar que, de punta roma de las barras eran más eficaces que los de punta. Como resultado de su trabajo, la mayoría de los pararrayos fabricados hoy en los Estados Unidos son de punta roma.

Moore era un miembro de la Unión Geofísica Americana y recibió el Distinguished Research Award de New Mexico Tech en 1984 y el Lifetime Achievement Award del Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica en 1997. Era un hombre de tres sociedades científicas: la Royal Meteorological Society, American Meteorological Society, y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

Al presentar a Moore con un doctorado honoris causa en 2003, el Dr. Daniel H. López, de New Mexico Tech, dijo, «En un sentido real, este no es un doctorado honoris causa en absoluto. Charles B. Moore ha sido un líder en el campo de la física atmosférica, y ha realizado investigaciones que le habrían ganado un doctorado muchas veces, hasta ahora consintió en aceptar uno».

El Dr. Paul Krehbiel, un investigador de la atmósfera que conocía bien Moore, comentó, «Charlie fue una persona de muchos talentos. Fue un pionero en el estudio de tormentas y relámpagos eléctricos y una fuente de conocimiento científico. Era un verdadero estudiante de historia y un historiador por su propio derecho, y poseía una excelente memoria. Fue un mentor y educador de muchos, incluido yo mismo. Su legado vive en las ideas, estudios y proyectos que desarrolló y trabajó en su larga y asombrosamente variada carrera».

El Dr. William Winn, quien trabajó con Charles Moore durante muchos años, dijo: «Charles me inspiró y a muchos otros investigadores jóvenes con su entusiasmo, pensamiento independiente, y el uso preciso del idioma Inglés, y fue un compañero encantador por su buen humor y habilidades narrativas».

NMT

(Kathleen Hedges)

http://www.nmt.edu/news/3704-charles-b-moore-1920-2010