La monarca y los cultivos genéticamente modificados

IMPACTO AMBIENTAL

La monarca y los cultivos genéticamente modificados[1]

Juan José Morales

De las alrededor de dos mil especies de mariposas que hay en México, la más famosa es sin duda la monarca «”Danaus plexippus si se prefiere el nombre científico»”, ya que cada año realiza una portentosa migración entre la región de los Grandes Lagos en la zona fronteriza entre Estados Unidos y Canadá, y las montañas de Michoacán en México.

La monarca, empero no es del todo ajena a quienes vivimos en la península de Yucatán. Como ya hemos mencionado en esta columna, en tiempos recientes se descubrió que además de la conocida ruta migratoria arriba mencionada, hay otra por la costa oriental de Estados Unidos que cruza el Golfo de México, continúa por el este de la península de Yucatán y termina en algún lugar todavía desconocido de Centroamérica.

Pues bien, si hoy nos ocupamos de la Danaus plexippus, es porque los científicos están alarmados por la declinación de sus poblaciones. De acuerdo con un estudio realizado por el entomólogo Orley R. Taylor, de la universidad norteamericana de Kansas, la población de monarcas es actualmente casi 60% menor que el año pasado y se encuentra en los niveles más bajos jamás registrados.

clip_image002Esta es la Asclepias syriaca, que sirve de alimento a la mariposa monarca. Hasta fines del siglo pasado abundaba en el centro de Estados Unidos, pero desde que se introdujeron cultivos transgénicos casi ha desaparecido.

En opinión de este científico, uno de los factores que más han contribuido a tan marcado descenso en el número de mariposas es la generalización de los cultivos de soya y maíz genéticamente modificados en las planicies del Medio Oeste de Estados Unidos, región a través de la cual se desplazan las monarcas en su migración. Dichos cultivos «”explica Taylor»” exigen el uso de grandes cantidades de herbicidas para eliminar malezas de los sembradíos, y esos productos químicos han acabado con ciertas plantas del género Asclepias que son el alimento básico de las larvas de monarca.

Aquí cabe recordar que las mariposas nacen de huevos, primero son larvas «”o gusanos como se les llama popularmente aunque en realidad no lo son sino sólo lo parecen»” y finalmente, después de experimentar la metamorfosis, desarrollan alas y el delicado aspecto que las caracteriza. En su fase de larvas, se alimentan con hojas de plantas y por ello se les considera plagas.

Como decíamos, el alimento principal de las larvas de la mariposa monarca son las asclepias, plantas herbáceas que alcanzan entre uno y dos metros de altura y producen abundantes flores. Y la razón por la cual las prefieren es que no solamente les proporcionan alimento sino también protección.

En efecto, la savia o látex de las asclepias es tóxica para la mayoría de los animales debido a que contiene ciertas sustancias tóxicas llamadas glucósidos cardiacos que, como su nombre indica, afectan el funcionamiento del corazón. En algunas especies, la concentración es tan alta que puede causar la muerte. Por eso en general los herbívoros evitan comer tales plantas. Pero las larvas de la mariposa monarca lo hacen sin mayores problemas «”aunque a veces las afectan»” y acumulan los glucósidos en su organismo, volviéndose así potencialmente peligrosas para un depredador. Ese efecto se mantiene incluso después de la metamorfosis y la transformación de la larva en mariposa hecha y derecha. Los pájaros y otros animales, después de devorar a su primera monarca, aprenden que tienen un sabor repulsivo que los hace vomitar, y ya no vuelven a atacar a otras.

Pero, como decíamos, la introducción en gran escala de variedades de maíz genéticamente modificado en los campos agrícolas del Medio Oeste norteamericano ha ido acompañado de un cambio en las prácticas de cultivo que exige el uso masivo de herbicidas «”vendidos por la misma empresa que vende las semillas de maíz»” y ello ha ocasionado la erradicación casi total de las asclepias. Como resultado, las monarcas se han quedado sin alimento, y sus poblaciones están declinando aceleradamente, a tal grado que, según el estudio de Taylor a que nos referimos, en la actualidad en sus zonas de refugio invernal de los bosques michoacanos ya sólo se encuentra poco más vigésima parte que hace 20 años.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 4 17 de mayo de 2013

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