Lo nativo y sus ventajas sobre lo exótico

IMPACTO AMBIENTAL

Lo nativo y sus ventajas sobre lo exótico[1]

Juan José Morales

No es casual el hecho de que en su mayoría hubieran sido almendros y flamboyanes los árboles derribados por la violenta turbonada «”con vientos de intensidad comparable a los de una tormenta tropical»” que recientemente azotó a Mérida. Ello se debió a que tales árboles tienen raíces muy superficiales, que les dan poca sujeción al suelo y por tanto permiten que cuando soplan fuertes vientos se vengan a tierra.

Y si tienen raíces tan poco apropiadas para las condiciones naturales de esta tierra nuestra, ello obedece a que ambos árboles, ampliamente usados con fines de ornato en casas, parques, jardines y camellones, no son nativos del trópico americano, sino de lejanos países. Son, como dicen los biólogos, especies exóticas. El flamboyán «”Delonix regia por nombre científico»”, proviene de Madagascar, cosa que sorprenderá a muchos ya que desde hace mucho es un elemento característico del paisaje peninsular. Por su parte, el almendro, «”Terminalia capata para nombrarlo como los botánicos»” es originario de la India.

clip_image002Por su abundante follaje, distribuido en capas o estratos, el almendro ha sido introducido en muchos países para utilizarlo como árbol de sombra, pero ofrece muchos inconvenientes y lo superficial de sus raíces hace que resulte muy vulnerable al embate del viento.

Los dos, sin embargo, fueron llevados a muchos países por su fácil adaptación a diferentes tipos de clima y suelo. Me tocó, por ejemplo, ver flamboyanes en Egipto, pese a lo extremoso del clima. Pero el hecho de que puedan prosperar en una diversidad de condiciones ambientales, no implica que lo hagan con la máxima eficiencia. Uno de sus problemas, como decíamos, es la poca profundidad que alcanzan sus raíces. Eso no solamente los hace muy vulnerables a los ventarrones, las tormentas y los huracanes «”el Gilberto, por ejemplo, derribó muchos de ellos»” sino que también causa problemas ya que al extenderse por todas direcciones casi a ras de tierra, las raíces levantan aceras, cercas y paredes. Una vivienda puede ser seriamente dañada y hasta destruida en esta forma.

Por otro lado, las hojas del flamboyán y el almendro causan asimismo serios problemas. Las primeras porque al ser muy pequeñas, se introducen en lugares recónditos de los automóviles y otros objetos metálicos, y al retener agua, contribuyen a la oxidación. Las segundas, por su gran tamaño, que las hace obstruir las cañerías y los pozos de absorción.

Por todo lo anterior, los biólogos recomiendan que no se utilicen estas especies, sino árboles nativos, aunque sean menos llamativos. Nuestros árboles tienen raíces profundas, para absorber el agua que se acumula muy por debajo de la superficie, en las capas de sascab, y de este modo poder resistir los seis meses anuales de sequía. Eso les da una gran estabilidad y resistencia a los vientos huracanados.

Por otro lado, sus hojas, ni muy grandes ni muy pequeñas, no causan molestias ni problemas. Y, a diferencia del flamboyán, al llegar la temporada de secas no llenan de basura los patios, parques, jardines y camellones al tirar enormes cantidades de hojas, flores y las grandes vainas que contienen las semillas.

De modo, pues, que «”no por xenofobia sino por conveniencia»” hay que preferir lo nativo a lo exótico. Y entre los árboles exóticos, dicho sea de paso, hay que incluir a otra especie muy popular que se acostumbra plantar junto con el flamboyán: la lluvia de oro, Cassia fistula, que proviene del Medio Oriente y Asia, e incluso es el árbol nacional de Tailandia.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 23 de agosto de 2013

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