Expediente: MV-20-AÑOS-ESTIGMA-002

Expediente: MV-20-AÑOS-ESTIGMA-002

GBongiovanniRemitente: G. Bongiovanni (Desde un jardín que no conoce el jabón, solo el incienso).

Estado del Documento: Manchado con gotas de «sangre» que huelen sospechosamente a remolacha y agua de florero estancada.

El Formato Visual: «La Epístola de la Fragancia Herida»

  • Papel: Pergamino envejecido artificialmente, con bordes quemados y marcas de gotas que pretenden ser lágrimas celestiales.
  • Encabezado: «¡A TI, DESTRUCTOR DE LA FRAGANCIA DIVINA!» escrito con una caligrafía temblorosa y dramática.
  • Sellos: Un sello de cera roja con la forma de un estigma y la leyenda: «SOLO PARA OJOS ESPIRITUALES (Y NARICES CERRADAS)».
  • Nota al Margen: Escrita en tinta dorada: «¿Ingeniero? ¡Más bien profanador de efluvios sagrados!».

El Texto de la «Felicitación»:

«Noguez:

Me han llegado los ecos de tu pequeña ‘observación’ sobre mi aroma a flores. Veinte años llevas en tu blog intentando diseccionar el espíritu con el escalpelo de la química, y ahora pretendes reducir un fenómeno cósmico a un simple problema de higiene ambiental o descomposición botánica.

¿Así que te pareció que mi aroma no era el del Edén? ¡Qué sabrás tú de las fragancias de las altas esferas! Tú, que pasaste diez horas bajo las luces de Nino Canún aferrado a tu lógica de ingeniero jubilado, mientras yo ofrecía al mundo el perfume de mi sacrificio. Dices que olía a ‘rosas de panteón’, a agua podrida de florero olvidado… ¡Claro! Es el olor del juicio final que se avecina sobre escépticos como tú, que no saben distinguir un efluvio místico de un proceso de maceración orgánica.

Te compadezco, Luis. Has pasado dos décadas analizando la corrosión de los metales y ahora pretendes analizar la ‘corrosión’ de mis estigmas. Mi perfume es para los elegidos, no para los que miden el pH del agua de las flores.

Sigue con tus archivos y tus fotos de 1947. Mientras tú buscas tornillos en los platillos, yo seguiré sangrando pétalos para quienes sí tienen fe. Que cumplas otros veinte años con tus ‘Marcianitos’, a ver si para entonces el destino te otorga un poco de rinitis mística y dejas de olfatear donde no te llaman.

P.D. No vuelvas a sentarte a mi lado en un estudio de televisión. La próxima vez, mis ‘rosas’ podrían marchitar tu amada racionalidad cartesiana para siempre.»

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