La Ufología: La Novela Total de la Humanidad
Por Luis Ruiz Noguez
Durante décadas, me he empeñado en tratar de encajar el fenómeno de los objetos voladores no identificados en el molde rígido de la ciencia o la prueba física. He buscado tuercas, tornillos y firmas de radar como si fueran la única clave para descifrar el misterio. Sin embargo, tras años de análisis escéptico y recopilación de casos, he llegado a una conclusión que a algunos les parecerá iconoclasta: el fenómeno ovni no es (o no es solo) un enigma físico, sino que constituye, en esencia, la novela total y más completa de la humanidad.
Un género que lo abarca todo
Cuando hablo de la «novela total», me refiero a que la ufología posee una cualidad literaria única: es capaz de contener todos los géneros imaginables. En sus páginas encontramos el horror de las abducciones en dormitorios silenciosos, el suspenso de las persecuciones en carreteras desiertas, la época dorada de los contactados que traían mensajes mesiánicos y la intriga política de las conspiraciones gubernamentales.
Al igual que las grandes obras de la literatura universal, la ufología no necesita ser «verdad» en un sentido fáctico para ser real en su impacto cultural. Como bien señalaba Alejandro Agostinelli en su reciente nota por los 20 años de Marcianitos Verdes, esta disciplina es un mosaico de relatos que nos define como especie.
La construcción colectiva del mito
Lo que hace que esta novela sea «total» es su autoría. A diferencia de un libro escrito por una sola mano, la ufología es una obra monumental y colectiva.
- Los protagonistas: Son los contactados, los testigos de casos clásicos y los investigadores que dedican su vida a perseguir sombras.
- Los colaboradores: Son todos aquellos amigos, vecinos o conocidos que, en una charla informal, nos relatan un avistamiento personal.
Cada uno de ellos aporta desde una frase hasta un capítulo entero a este relato infinito. No importa si la experiencia fue física o una construcción de la mente; en el momento en que se narra, pasa a formar parte de la trama de esta gran «novela plativolista».
De la tecnología a la narrativa
Hoy en día, muchos se dejan seducir por términos modernos como «UAP» o se entusiasman con las noticias del Pentágono, creyendo que estamos ante una novedad científica. Sin embargo, si miramos con atención, veremos que estamos atrapados en el mito de Sísifo: arrastramos la roca de la prueba física hasta la cima, solo para verla rodar de nuevo al valle del misterio.
Tal vez el error ha sido buscar «visitantes» cuando lo que tenemos frente a nosotros son personajes de una narrativa que siempre ha estado aquí. Al entender la ufología como literatura —como un conjunto de cuentos y relatos que disfrutamos y analizamos por su valor narrativo—, dejamos de sufrir por la falta de evidencias físicas y empezamos a apreciar la riqueza de la experiencia humana.
En este vigésimo aniversario de Marcianitos Verdes, mi invitación es a seguir leyendo esta novela. No con la fe ciega del creyente ni con la cerrazón del que solo acepta lo que puede tocar, sino con la curiosidad de quien sabe que la verdad más profunda de nuestra especie no se encuentra en una nave de metal, sino en las historias que inventamos para explicar las luces en el cielo.
Porque, al final del día, todos somos autores y lectores de esta, la novela total de la humanidad.