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Cincuenta años del caso Elisabeth Berger: la mujer a la que la Amazonia hizo hablar con los ovnis

Cincuenta años del caso Elisabeth Berger: la mujer a la que la Amazonia hizo hablar con los ovnis

2 de septiembre de 2026

Rusti Miguez Garcia

En el verano de 1977, una misteriosa extranjera rubia apareció en el litoral brasileño, compró grandes cantidades de pescado y quedó atrapada en la mayor oleada ufológica de la historia del país. Cinco décadas después, los periódicos de la época, una investigación oficial y el testimonio de un periodista que visitó su isla permiten reconstruir lo sucedido y separar, por primera vez, a la mujer real de la criatura legendaria

imageImagen reconstruida de Elisabeth Berger / Fotografía IA GPTS

En julio de 1977, mientras una sucesión de luces desconocidas comenzaba a recorrer las noches del litoral amazónico, una mujer joven, rubia y de piel muy blanca acudía regularmente al mercado de Bragança (Brasil) para comprar pescado. No adquiría unas pocas piezas ni la cantidad razonable para alimentar a una familia. Según las primeras noticias publicadas en la prensa de Belén, se llevaba entre cien y doscientos kilos. Después desaparecía en dirección a la costa, hacia una isla próxima al municipio de Augusto Correa donde según contaban los pescadores, vivía completamente sola.

Nadie parecía saber con certeza de dónde había llegado, qué hacía allí ni cuál era el destino de aquella mercancía. En una región aislada, agitada por rumores sobre luces que perseguían embarcaciones y extraían la energía de quienes se cruzaban en su camino, la pregunta comenzó a circular por mercados, embarcaderos y poblados: ¿para quién compraba tanto pescado aquella extranjera?

La imaginación hizo el resto. Unos pensaron que abastecía a contrabandistas. Otros sospecharon que la isla ocultaba un campamento de guerrilleras o traficantes de anuas. Y hubo quienes encontraron una explicación más perturbadora. La mujer, decían, alimentaba a los ocupantes de les extraños aparatos luminosas que sobrevolaban la región.

Así comenzó el caso de la “Mujer de los Peces”, posteriormente conocida como Elisabeth Berger o Elisabeth Queminet Berger: una historia que, al cabo de cincuenta años, ha terminado reuniendo todos los ingredientes de una leyenda perfecta. Una extranjera de origen incierto. Una isla apartada. Agentes de inteligencia. Objetos voladores no identificados. Una desaparición sin resolver. Y. alrededor de su figura, una sucesión de episodios extraordinarios que crecieron con cada nueva versión hasta hacer prácticamente imposible distinguir a la mujer que realmente estuvo en Pará del personaje sobrenatural que acabó ocupando su lugar.

Pero algo ocurrió. Y una parte de aquello quedó impresa en las periódicos.

Las primeras referencias documentadas aparecieron en O Liberal el 10 de julio de 1977 y en A Província do Pará al día siguiente. Ambas cabeceras se publicaban en Belém y cubrían entonces las historias procedentes de Bragança, Viseu, Augusto Correa y otras localidades afectadas por la oleada de objetos luminosos.

La existencia de estas informaciones fue recogida posteriormente por Daniel Rebisso Giese en su libro Vampiros extraterrestres na Amazónia, publicado en 1991 y por el investigador Cláudio Tsuyoshi Suenaga en su trabajo académico sobre la dimensión real e imaginaria del fenómeno ovni. Gracias a esas referencias puede establecerse que la historia de la misteriosa extranjera no nació en una página de Internet ni fue inventada décadas después por algún divulgador. Circulaba ya en julio de 1977, en pleno desarrollo de los acontecimientos.

La mujer fue descrita entonen corno una joven solitaria. de cabellos claros, piel blanca y probable procedencia extranjera. Vivía supuestamente en una isla cercana a Augusto Correa y acudía al mercado para comprar entre cien y doscientos kilos de pescado. La primera versión conocida no habla de cuatrocientos kilos ni proporciona su nombre completo. Tampoco menciona un pasaporte británico, una nacionalidad suiza o una residencia en Paris. La identifica únicamente como una extranjera a la que los habitantes de la zona habían comenzado a llamar la “Mujer de los Peces”.

Algunos pescadores aseguraban que alrededor de su vivienda aparecían luces inexplicables. Otros afirmaban haberla visto caminando sobre el agua. Una mujer llamada Margarida, hijastra del responsable del campo de aterrizaje de Bragança, habría mantenido un extraño encuentro con ella en un camino apartado. La desconocida, vestida de negro y con las manos cubiertas, le habría dirigido varias preguntas antes de desaparecer cuando la testigo desvió momentáneamente la mirada.

Aquellas afirmaciones pertenecían ya al territorio del testimonio, el rumor y la tradición oral. Pero la presencia de la mujer y las cantidades de pescado que compraba debieron de resultar suficientemente llamativas para atraer la atención de las autoridades. Según la reconstrucción de Giese, agentes de inteligencia de la Aeronáutica y de la Marina investigaron la posibilidad de que estuviera relacionada con espionaje, tráfico de armas o actividades clandestinas.

Cuando registraron su cabaña, la encontraron abandonada. Dentro no habría aparecido ningún transmisor, depósito de armas o vestigio de una organización clandestina. Tan solo un pequeño sobre enviado desde Francia y dirigido a una mujer llamada “Elisabeth”.

Ese sobre constituye el primer puente entre la “Mujer de los Peces” de las noticias de 1977 y la Elisabeth Berger que posteriormente entraría en la historia de la ufología brasileña. También establece un límite que la documentación disponible no permite franquear: en las referencias más antiguas localizadas no consta todavía el nombre Queminet Berger. Solamente Elisabeth.

La aparición de la extranjera coincidió con uno de los episodios más extraordinarios registrados en la historia moderna de Brasil. Desde la primavera de 1977, habitantes de las comunidades costero de Maranhão y Pará venían denunciando la presencia de cuerpos luminosos capaces de desplazarse a gran velocidad. permanecer suspendidos sobre las viviendas y proyectar haces de luz contra las personas.

El fenómeno recibió el nombre popular de “chupachupa” porque algunas víctimas creían que aquellas luces les extraían la sangre o la energía. Los testimonies describían debilidad, mareos, temblores, pequeñas quemaduras y perforaciones cutáneas. El miedo provocó vigilias colectivas, disparos contra el cielo y el abandono temporal de algunas poblaciones.

La magnitud alcanzada por los acontecimientos llevó a la Fuerza Aérea Brasileña a desarrollar la Operación Prato. Equipos del I Comando Aéreo Regional recorrieron Colares, Vigia, Santo António do Tauá y otras localidades, entrevistaron a decenas de testigos, realizaron vigilias nocturnas y confeccionaron informes, croquis y registros fotográficos. Una parte de aquella documentación fue posteriormente desclasificada y se conserva en el Archivo Nacional de Brasil.

La Operación Prato es, por tanto, un hecho histórico acreditado. Los militares investigaron fenómenos aéreos que no consiguieron identificar inmediatamente y dejaron constancia documental de observaciones y testimonios. Sin embargo, entre la realidad de aquella operación y la figura de Elisabeth Berger existe un espacio que la leyenda ha rellenado con más seguridad de la que permiten los archivos conocidos.

La coincidencia temporal resultaba irresistible. En una isla situada dentro de la región recorrida por aquellas luces vivía una extranjera enigmática que compraba cantidades desproporcionadas de pescado y se relacionaba con otros ciudadanos europeos. Era casi inevitable que ambas historias terminaran fundiéndose.

Y no fue exactamente lo que sucedió.

Carlos Mendes era uno de los reporteros que recorrían el territorio afectado por el “chupa-chupa”. Trabajaba entonces en O Estado do Pará y, entre 1977 y 1978, entrevistó a víctimas, habló con militares y siguió sobre el terreno el desarrollo de la Operación Prato. A diferencia de la mayoría de quienes posteriormente difundieron la historia. Mendes estuvo allí cuando los acontecimientos todavía estaban sucediendo.

También visitó la isla de Elisabeth.

Su testimonio constituye la pieza más valiosa pan reconstruir el caso porque confirma la existencia de la mujer y, al mismo tiempo, reduce considerablemente su dimensión sobrenatural. Mendes recuerda que la propietaria de la isla se llamaba Elisabeth Berger, que era rubia, atractiva y aparentemente suiza o británica. En Augusto Correa se la consideraba una hippie y era vista en compañía de varios ciudadanos franceses.

La mujer tenía problemas con la Policía y había sido investigada por posible tráfico de drogas. La presencia de aquellos extranjeros y las sospechas que la rodeaban hicieron que algunos habitantes relacionaran sus actividades con las luces observadas en la región. Mendes, sin embargo, no encontró nada extraordinario durante su visita.

“No veo relación con las apariciones de las luces”, declaró décadas después al recordar el episodio. Para el periodista bastó aquella rápida inspección de 1977: “Nada observé que me llamase la atención”. La condición extranjera de Elisabeth, su belleza, sus acompañantes franceses y el ambiente de inquietud que dominaba la región alimentaron el misterio. “Pero nada más allá de eso”.

Sus palabras no resuelven el destino de la mujer ni explican qué hacía en aquel enclave remoto. Confirman, no obstante, algo fundamental: Elisabeth Berger no fue solamente una figura inventada por el folclore ufológico. Existió, fue propietaria de una isla, estuvo sometida a investigación policial y fue conocida por un periodista que cubría los acontecimientos.

Pero el mismo testigo que acredita su existencia rechaza que pudiera establecerse una relación demostrable entre ella y los objetos luminosos.

La mujer desaparece: nace la leyenda

Después de abandonar la región la biografía de Elisabeth se difumina. Lo versiones posteriores comenzaron a atribuirle un segundo apellido -Queminet-, un pasaporte británico con el número 872152-A, nacimiento en Suiza en 1947, nacionalización británica y residencia en Paris. Según estos relatos habría comprado la mayor parte de la Ilha do Meio y exigido a sus anteriores habitantes que abandonaran rápidamente sus propiedades.

También se dijo que recibía a grupos de hombres altos y rubios que hablaron un idioma desconocido; que esos visitantes llegaban en embarcaciones, pero jamás eran vistos cuando abandonaban la isla; que la mujer caminaba desnuda sobre el mar; que su casa carecía de puertas, ventanas y muebles: y que los ovnis únicamente aparecían cuando ella se encontraba allí.

La historia alcanzó su culminación con una supuesta detención. Cuatro agentes la habrían trasladado hasta Belém, donde Elisabeth pidió utilizar un cuarto de baño vigilado por una única puerta. Cuando los policías entraron a buscarla, la estancia estaba vacía, la mujer se habla esfumado.

Después llegarían todavía nuevas ampliaciones: el pasaporte pertenecería en realidad a una europea fallecida décadas antes; Interpol habría intentado localizarla; Elisabeth reaparecería como enfermera atendiendo a las víctimas de un terremoto en California; finalmente, sería vista en Corea del Sur.

Ninguno de estos episodios aparece respaldado por los documentos originales que hasta ahora han podido localizarse. No se conoce el atestado de sus detenciones. la circular de Interpol, la copia del pasaporte ni el periódico estadounidense que supuestamente publicó su fotografía, las distintas versiones tampoco coinciden en el lugar, el año o las circunstancias de aquellas reapariciones.

La mujer real se había perdido. En su lugar quedaba ya un personaje capaz de desplazarse entre países y décadas sin dejar huellas, escapar de habitaciones cerradas y convivir con seres procedentes de otro mundo.

Gobierno brasileño busca su nombre

En abril de 2021, casi cuarenta y cuatro años después de su desaparición. alguien presentó ante el Gobierno brasileño una solicitud oficial de información sobre Elisabeth Queminet Berger. El documento pedía cualquier dato que permitiera averiguar su paradero e incluía diferentes grafías posibles de su nombre: Elisabeth o Elizabeth; ‘Queminet, Quiminet, Gueminee o Gueminet; Berger, Berguer o Berg.

La petición no hablaba de extraterrestres ni de una mujer que hubiera atravesado las paredes de un baño. Planteaba una posibilidad más oscura y completamente terrenal: Elisabeth habría sido vista por última vez en Pará en 1977 o 1978, escoltada por algún organismo de seguridad pública y trasladada posiblemente a Brasilia bajo sospecha de estar relacionada con la guerrilla. El solicitante pedía una respuesta que permitiera proporcionar alguna conclusión “a la familia de la supuesta víctima”.

El Ministerio de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos consultó los archivos de la Comisión Especial sobre Muertos y Desaparecidos Políticos, el organismo encargado de investigar a las víctimas de la dictadura brasileña. La búsqueda incluyó el nombre completo y todas sus variantes proporcionadas.

El 19 de abril de 2021 llegó la contestación. no existía ninguna información sobre Elisabeth Queminet Berger. Su nombre no figuraba entre los beneficiarios reconocido por la ley brasileña sobre desaparecidos políticos ni constaba procedimiento administrativo alguno abierto a su nombre. La resolución fue registrada bajo una expresión tan precisa como inquietante: “Información inexistente”.

La respuesta no demuestra que Elisabeth nunca hubiera sido detenida ni permite saber qué ocurrió con ella. Solamente establece que no consta en el archivo oficial de muertos y desaparecidos políticos. La consulta, además, no se extendió a todos los fondos de la Policía Federal, la Marina, la Aeronáutica, el antiguo Servicio Nacional de Información o los registros territoriales de Bragança.

El expediente oficial no cierra el caso. En realidad, abre otro.

La mujer detrás del mito

Cincuenta años después de aquellas primeras noticias, el caso conserva un núcleo resistente y comprobable. Durante el verano de 1977 vivió en el litoral de Pará una mujer extranjera llamada Elisabeth Berger. Era joven, rubia y posiblemente suiza o británica. Poseía una isla o residía en ella, se relacionaba con ciudadanos franceses, compraba cantidades llamativas de pescado y despertó sospechas policiales. Su presencia quedó recogida en la prensa de la época y fue confirmada por un periodista que visitó personalmente el lugar.

También está acreditado que, durante aquellos mismos meses, el nordeste de Pará y parte de Maranhão fueron escenario de una oleada de fenómenos luminosos que provocó una investigación militar sin precedentes. Lo que no ha podido acreditarse es el puente que une ambas historias.

Quizá Elisabeth fuera simplemente una europea excéntrica que habla elegido vivir lejos de todo, en un territorio donde una mujer sola, extranjera y acompañada de otros forasteros no podía pasar inadvertida. Tal vez estuviera vinculada con alguna actividad clandestina, razón por la que llamó la atención de la Policía y de los servicios de inteligencia. También es posible que su desaparición ocultara un episodio relacionado con la represión política de la dictadura. Ninguna de estas hipótesis ha sido demostrada.

Y nada permite afirmar que hablara con los ovnis.

Pero la historia de Elisabeth Berger conserva una fuerza extraordinaria porque se encuentra suspendida entre dos realidades documentadas: una mujer cuya existencia puede seguirse hasta una isla amazónica y una oleada de objetos luminosos investigada por las Fuerzas Armadas de Brasil. Alrededor de ambas se formó una narración que fue creciendo hasta convertir un sobre llegado de Francia en un pasaporte robado, una investigación policial en una persecución de Interpol y una desaparición sin explicación en una fuga imposible.

Quedan todavía documentos por hallar. Las páginas completas de O Liberal y A Província do Pará. Las posibles escrituras registradas en Bragança. Los expedientes policiales. Los archivos de la Marina y la Aeronáutica. Los informes del antiguo servicio de inteligencia. Alguno de ellos podría contener el nombre verdadero, la firma o la fotografía de la mujer que llegó a Pará en 1977.

Hasta entonces, solo permanece una imagen. En medio de una Amazona recorrida por luces desconocidas, una extranjera rubia compra cientos de kilos de pescado y toma una embarcación hacia una isla remota. Después desaparece de los registros. Durante los cincuenta años siguientes, nadie consigue encontrarla.

Ni siquiera cuando el Gobierno brasileño busca su nombre.

https://latribunadelpaisvasco.com/art/24909/cincuenta-anos-del-caso-elisabeth-berger-la-mujer-a-la-que-la-amazonia-hizo-hablar-con-los-ovnis

Carol A. Honey, el escritor fantasma (12)

El dilema de Gösta Johansson podría planteársele, por supuesto, a cualquier investigador de casos de contactados. Y entonces se convierte en un verdadero problema moral. Supongamos que se obtiene una prueba personal al cien por cien de que se está produciendo un contacto real con algún tipo de visitantes. Si se trata de un contacto benévolo, usted no desea revelar detalles que puedan perjudicar o complicar el contacto. Si el contacto es destructivo, acudir a la policía no es una opción. ¿Quién le creería? Supongo que éste es el dilema al que se enfrentan los pequeños grupos especializados dentro de la comunidad de inteligencia que son conscientes de la situación e intentan manejarla encubiertamente lo mejor que pueden.

Parece que el ufólogo estadounidense Carol Honey se enfrentó a este dilema, tras su relación con George Adamski. Según reveló en su Science Publications Newsletter. Fue contactado por los propios visitantes y llegó a darse cuenta de la profundidad y complicaciones del enigma y de los problemas de comunicarlo al público. En una carta de 1968 a Edith Nicolaisen, fundadora de la editorial sueca Parthenon, Honey escribió: “George Adamski se salió del rayo antes de morir y muchas de las declaraciones que hizo han destruido mucho de lo bueno que hizo anteriormente. Sólo puedo respaldar la información de sus tres primeros libros y la mayor parte de ella no puedo respaldarla con pruebas físicas. Yo mismo he tenido experiencias personales que me han demostrado muchas cosas, pero no las pondré a disposición de un público escéptico”. (Carta, 10 de febrero de 1968).

Carol Honey 1928 – 2007

https://marcianitosverdes.haaan.com/2023/07/dnde-estn-los-detectives-de-ovnis/

Gabriela Pugliesi cambia de nombre y asume que es un ET: “Estoy segura”

Gabriela Pugliesi cambia de nombre y asume que es un ET: “Estoy segura”

agosto 17, 2026

By: JETSS España

imageGabriela Morais posa en el césped junto a su residencia y afirma ser pleiadiana (Foto: Instagram)

Gabriela Morais, anteriormente conocida como Gabriela Pugliesi, llamó la atención en las redes sociales al revelar, durante una entrevista con Maya Massafera, que cree en la posibilidad de que extraterrestres vivan en la Tierra disfrazados de humanos. Durante la conversación, la influenciadora afirmó además estar convencida de que ella misma proviene de las Pléyades.

El tema surgió mientras ambas hablaban sobre vida extraterrestre y una posible divulgación de información relacionada con objetos voladores no identificados (OVNIs) por parte de Estados Unidos. Gabriela declaró que, a su juicio, aún existen datos que no han sido desclasificados.

“Ellos están controlando la narrativa de forma absurda. Todavía no han soltado nada”, aseguró.

A continuación, al comentar la hipótesis de que seres de otros planetas ya estén conviviendo entre nosotros, Gabriela dijo creer que algunos de esos visitantes habrían llegado a la Tierra con la intención de ayudar a la humanidad.

“Están disfrazados de humanos. Yo soy de las Pléyades, estoy segura de que lo soy. Formo parte de los pleiadianos”, afirmó la influenciadora.

Según su visión, la importancia de la Tierra para otros sistemas solares haría que seres de otros mundos vinieran al planeta para evitar un posible colapso. Esta idea conecta con corrientes de pensamiento New Age que atribuyen a los pleiadianos una elevada espiritualidad y un papel de guía o protección para la humanidad.

Las declaraciones de Gabriela tuvieron amplia repercusión en redes sociales. Tras la entrevista, la influenciadora utilizó su cuenta de Instagram para aclarar que sus palabras representan una creencia personal y no una afirmación basada en una comprobación científica.

“Antes que nada, no estoy proclamando una verdad absoluta. Comparto aquello que, hoy, tiene sentido para mí según todo lo que estudio, leo, observo y las personas con las que converso”, escribió.

Gabriela añadió que el cuestionamiento y la apertura a distintas posibilidades forman parte de la búsqueda de conocimiento.

“Creo que la primera virtud de quien persigue la verdad es reconocer que ninguno de nosotros lo sabe todo”, completó.

Ante estas afirmaciones, varios usuarios recordaron episodios históricos de investigación de OVNIs. En la década de 1950, la Fuerza Aérea de Estados Unidos puso en marcha el Proyecto Libro Azul para recopilar y analizar informes de objetos voladores no identificados. Aunque aquel programa concluyó en 1969, dejó un legado de archivos y testimonios que aún alimentan el debate.

En los últimos años, organizaciones civiles y grupos de ciudadanos han exigido al presidente Donald Trump mayor transparencia y la desclasificación de documentos oficiales sobre fenómenos aéreos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés). Estas demandas se enmarcan en una corriente global que pide a los gobiernos apertura ante posibles pruebas de vida extraterrestre.

Paralelamente, en la literatura y los foros especializados se suele referir a las Pléyades, también conocidas como M45, como un cúmulo estelar visible desde el hemisferio norte. Según algunas corrientes esotéricas, seres originarios de esas estrellas poseen una conciencia avanzada y una misión de auxilio hacia la humanidad.

El caso de Gabriela Morais pone de relieve cómo las teorías sobre civilizaciones alienígenas y los llamados pleiadianos se mezclan con la esfera pública a través de plataformas digitales. Sus seguidores debaten entre la fe en relatos personales y la falta de evidencia empírica, mientras la influencia de influencers potencia la difusión de creencias que antes solo circulaban en círculos especializados.

Con más de 450 palabras, este reportaje ofrece no solo la transcripción de las declaraciones de Gabriela, sino también el contexto histórico y cultural que explica por qué ciertas ideas sobre vida extraterrestre siguen resonando en la actualidad.

https://es.jetss.com/2026/08/17/gabriela-pugliesi-cambia-de-nombre-y-asume-que-es-un-et-estoy-segura/

Carol A. Honey, el escritor fantasma (11)

El ex compañero de trabajo de George Adamski, Carol Honey, también mencionó los robots en uno de sus artículos posteriores:

«Los de aspecto no humano, conocidos como “grises”, etc., son en realidad androides, diseñados deliberadamente para que se vean diferentes a fin de eliminar la preocupación y la confusión causadas por creaciones de aspecto humano en el pasado. Las fosas nasales, las orejas o la boca, con la forma de un humano, no son necesarias, como lo serían en humanos como nosotros. Estos androides realizan el “trabajo sucio” y el trabajo involucrado en la operación de la nave espacial en sus diversas misiones a lo largo de los sistemas solares».

(Carol Honey, How It All Started, no. 243, diciembre de 2001).

Carol Honey menciona la confusión causada por los androides de aspecto humano, y por supuesto, este es ciertamente un tema lleno de encuentros confusos. Si los visitantes benévolos y culturalmente avanzados usan robots y androides, también podrían hacerlo los visitantes malvados o peligrosos y nuestros propios Mensajeros del engaño, operativos de proyectos negros de varios grupos de inteligencia altamente secretos. El compañero de trabajo danés de Adamski, Hans C Petersen, afirmó haber discutido el problema del robot varias veces con Adamski. En un artículo, The Sinister Forces From Space, presenta una visión algo más complicada del problema: «… los estadounidenses han construido sus propios platillos voladores que vuelan como si fueran vehículos espaciales reales. Además, usan el mismo sistema de propulsión que los visitantes, y estos vehículos hechos por el hombre están tripulados con robots, pequeños hombres grises, todos iguales y producidos por igual en los centros de investigación estadounidenses, como copias de las criaturas encontradas en los platillos “estrellados” del espacio exterior».

(UFO Contact Newsletter, no. 1, 1993, p. 9).

imageCarol Honey

https://marcianitosverdes.haaan.com/2020/08/robots-androides-y-visitantes-reales/

Carol A. Honey, el escritor fantasma (10)

También Lou Zinsstag pensaba que la historia de Saturno era una «experiencia mental». Henk Hinfelaar, representante de Adamski en Nueva Zelandia, era igualmente escéptico. En 1979, Carol A. Honey escribió:

«En propias palabras de Adamski él «no salió de la luz» hasta muchos años después de sus contactos originales. Porque estoy interesado solamente en la verdad le dije a Adamski muchas veces que apoyaría solamente lo que se hubiera demostrado ser verdadero. Adamski me envió muchos manuscritos, la mayor parte de su biblioteca y casi todos sus archivos originales. Por varios años cada palabra publicada de Adamski pasó por mi máquina de escribir. Sus manuscritos inéditos siguen siendo inéditos porque en mi opinión estaban «saliéndose de la luz» y no eran compatibles con lo que sabía que era verdad. En varias ocasiones, Adamski produjo fotografías, artefactos, grabaciones, reportes de laboratorio, etc, que examiné de cerca. Por lo que se, ninguno se mostró al público o a la prensa, con todo que eran más convincentes que esas cosas que divulgó. Él afirmó que no iba a contar todo «y lo revelaría hasta su debido tiempo». ¿Si hacía fraude en todas sus afirmaciones, por qué no reveló este material más fuerte? ¿Qué sucedió a estos artículos cuando él murió? George Adamski se reunió con hombres de otros planetas y sus fotografías eran genuinas. Más tarde sus contactos terminaron y él engañó al público antes de admitir que las fases iniciales del «programa» habían terminado».

https://marcianitosverdes.haaan.com/2006/11/adamski-2/