Dampier, el pirata científico

DAMPIER, EL PIRATA CIENTÍFICO

Por Juan José Morales

Dampier1 Pudo adueñarse de medio mundo y terminó su vida sin un centavo, pero con el alma llena de fabulosos recuerdos.

Entre los piratas y corsarios que asolaron el Caribe y el golfo de México a fines del siglo XVII y principios del XVIII hay algunos particu­larmente célebres. Pero poca gen­te conoce tan siquiera el nombre de William Dampier, pese a que este caballero británico fue un personaje tan extraordinario que merece lugar aparte en la historia de la piratería. A más de los atri­butos que son de esperar en un bandido de los mares -audacia, valentía y crueldad -, fue osado explorador, talentoso navegan­te, el mejor cartógrafo de su épo­ca, magnífico escritor, avispado etnólogo y brillante físico y naturalista que dejó una gran canti­dad de conocimientos todavía válidos sobre historia natural, meteorología, hidrología, física y botánica.

Desde los 16 años de edad y ca­si hasta su muerte a los 63 (en 1715), pasó la vida navegando por todos los mares – de hecho le dio la vuelta al mundo 3 veces -, fue el primer inglés que puso el pie en Australia y estuvo a punto de dirigir su colonización, exploró las costas de Nueva Guinea, informó a los europeos sobre el extraordi­nario árbol del pan, fue el primero que describió la estructura de un huracán y estuvo envuelto en los más disímbolos y singulares acon­tecimientos, incluso en algunos pasajes de la historia de México.

Fue pirata porque cometió asaltos y pillajes al margen de la ley, corsario en los periodos en que actuó contra los españoles con autorización de la corona bri­tánica y filibustero en las ocasio­nes en que hostigó por cuenta propia a los enemigos de Inglate­rra. Su recuerdo aún perdura en algunos lugares de la costa del Ca­ribe, según se desprende de estas líneas de El último viaje del bu­que fantasma, un cuento de Gabriel García Márquez: “…hasta los hombres más viejos se acordaron de los espantos de sus bisabuelos y se metieron debajo de la cama creyendo que había vuelto Wi­lliam Dampier…”.

EN VILLA HERMOSA Y ZIHUATANEJO

A él se debe indirectamente la novela Robinson Crusoe, pues Daniel Defoe se inspiró para crear este famoso personaje en uno de los secuaces de Dampier, Alexan­der Selkirk, a quien el corsario abandonó en 1703 en la desierta isla de Juan Femández, en el Pací­fico, tras una disputa por el repar­to del botín. A Dampier se debe asimismo el nombre de las islas Clipperton, también en el Pacífi­co – antes mexicanas y hoy francesas – llamadas así a causa de otro de sus compinches que enca­bezó un motín contra él en 1704.

En México fue uno de los pira­tas que tuvieron como base por largo tiempo la isla de Términos en la costa de Campeche y trata­ron de adueñarse de Villahermosa – Villa de Mosa la llamó en sus es­critos – pero fueron derrotados por las fuerzas que comandaba Alonso Felipe de Andrade, a quien la historia oficial de Tabasco no ha hecho justicia.

Dampier intentó también adue­ñarse de Zihuatanejo, del cual menciona en su libro de bitácora que tenía por lo menos 40 casas y unos 100 habitantes que se opu­sieron a su desembarco.

Su primer viaje alrededor del mundo lo realizó entre 1683 y 1691 como miembro de una ex­pedición que, entre otras cosas, intentó hallar la Terra australis, el gran continente que se suponía existía en las altas latitudes del sur. Fruto de sus experiencias en ese periplo fue su primer libro, New voyage around the world (Nuevo viaje alrededor del mun­do) aparecido en 1697. En los años siguientes publicó otros vívidos relatos de sus viajes, como los que realizó a partir de 1699 ya al mando de un buque. Los inició con una expedición por el Pací­fico durante la que visitó las islas de los mares del sur y dio a cono­cer en Europa el árbol del pan, del cual 30 años más tarde el capitán James Cook llevaría muestras que se propagaron por las islas del Caribe y otras regio­nes del mundo.

HOMBRE AFORTUNADO

Dampier2 Sus fidedignas descripciones y detallados mapas de costas, ríos y poblaciones son todavía fuente de información sobre las culturas indígenas de los luga­res que visitó, como la de los in­dios miskitos o mosquitos de la costa caribeña de Nicaragua, con los cuales entabló una convenien­te amistad que le permitía avitua­llarse y carenar sus barcos en si­tios seguros y escondidos.

Fue el primer inglés que desem­barcó en Australia y tuvo la visión necesaria para tratar de convencer al gobierno británico de que ocu­para aquella remota isla-continen­te. Pero su consejo cayó en oídos sordos y habría de pasar casi un siglo antes de que en 1770 Cook – que en algunos aspectos pare­cía seguir sus pasos – reclamara el vasto territorio para su país.

Dampier fue un hombre afor­tunado. Vivió mucho más que la mayoría de sus contemporáneos, especialmente aquellos dedicados al azaroso oficio del bandidaje ma­rino y salió indemne de peligro­sas situaciones. Una noche de 1675, mientras navegaba por el golfo de México frente a la costa de Yucatán, penetró de lleno en el traicionero arrecife de Los Alacra­nes, pero – sin proponérselo y na­vegando en plena oscuridad – se escurrió por uno de los 2 estre­chos canales que conducen a la laguna interior y el casco de su buque apenas alcanzó a rozar la masa de coral antes de que el capi­tán, advertido por el ruido, ordena­ra arriar las velas y soltar ancla.

Cinco años más tarde, cerca de las islas Filipinas, en el Pacífico, fue sorprendido por un violento tifón. Hizo entonces lo que en aquella época era común para es­capar de una tormenta: poner po­pa al viento y desplegar todo el velamen, con la esperanza de huir. Varios días después, tras haber si­do violentamente zarandeado y re­correr cientos de millas en su an­gustiosa carrera, al tomar suposición comprobó asombrado que se hallaba casi en el mismo si­tio en que lo atrapó el ciclón.

Al analizar el hecho, se percató de que su buque no había sido empujado por la tormenta, sino que estuvo moviéndose dentro de ella, en una gran espiral. El análisis de Dampier fue la primera revela­ción sobre la estructura de los hu­racanes como un gran sistema de vientos que corren hacia una zona central de baja presión ganando velocidad en el trayecto.

La suerte le sonrió también en cuanto a riqueza. Con el botín que obtuvo pudo acumular una cuan­tiosa fortuna. A pesar de ello y del gran renombre que alcanzó, este pirata fuera de serie terminó su vi­da en su natal Inglaterra, sin un centavo.

Un pensamiento en “Dampier, el pirata científico”

  1. Gran cientificó, en terminos de influencias se podría decir que fue el papá de Charles Darwin y de Humbolt pues los influenció fuertemente con sus acertadas observaciones de la naturaleza, mares, corrientes y vientos etc.

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