El cerro Uritorco y la concepción moderna de la realidad

EL CERRO URITORCO Y LA CONCEPCIÓN PREMODERNA DE LA REALIDAD

Fernando Jorge Soto Roland*

imageEn este breve artículo trataré de explicar por qué motivo el fenómeno místico-esotérico-ufológico desatado hace 30 años en Capilla del Monte, ciudad cordobesa ubicada a los pies del famoso Cerro Uritorco, denota el regreso de ciertas concepciones medievales a la hora de entender y conectarse con la realidad. No volveré a abundar en los casos y detalles explicados en escritos previos. Por ello invito al lector a leer las monografías publicadas con anterioridad y rescatar de ellas los hechos que sustentan las ideas el presente texto[1].

Extraterrestres inmateriales, seres de luz, Hermanos Cósmicos que se anuncian física y telepáticamente a personalidades especialmente escogidas, ciudades intraterrenas y la amenaza de un fin del mundo del que sólo unos pocos elegidos podrán salir con vida, son algunos de los componentes que están vigentes en el imaginario capillense actual. Claro que a todo ello habría que agregarle una marcada tendencia esotérica y mística que permite la convivencia de esos alienígenas con curanderos y chamanes, representantes de un renovado indigenismo New Age, en el que se mezclan, además, el ecologismo, el budismo de country y antiguas prácticas y creencias orientales que abrevan en religiones como el taoísmo y en viejos mitos precolombinos y europeos. La mixtura no podría ser más heterogénea y variada. Y de ese colage se desprenden también concepciones milenaristas carentes de argumentos racionalistas y repletos de justificaciones divinas, en las que los seres de otros planetas parecen haber reemplazado a los ángeles y entidades espirituales propias de la imaginería cristiana y pagana del medioevo.

Un fuerte celo religioso sobrevuela el ambiente y nociones premodernas, previas a la Ilustración del siglo XVIII, se expanden imponiendo un imaginario y un ideario claramente místico, por momentos fundamentalista; en el que los extraterrestres cumplen un rol primordial a la hora de crear un sentido común diferente, estructurado y legitimado por esos nuevos dioses venidos del espacio exterior.

Programas radiales, publicaciones autogestionadas, charlas, cursos de verano, turismo alternativo (místico) y convenciones anuales, que reúnen a un universo de creyentes cada vez más numeroso, se han convertido en los canales de difusión (oficiosos y oficiales) a través de los cuales voceros convencidos de un providencialismo extraterrestre contribuyen a crear una nueva identidad local, alejada cada vez más del imaginario serrano que tenía al burrito cordobés, el Fernet y la música cuartetera como símbolos centrales. En lugar de ello, se han consolidado otros emblemas: la exobiología fantasiosa, la pureza energética del agua de montaña y las notas de un pentagrama celestial cada vez más lejano de La Mona Giménez y más cercano a melodías que invitan a la meditación y a la armonización del alma.

Bastaron tres décadas para que una concepción premoderna, teocéntrica y holística, resignificara el sentido de las cosas y de muchas palabras; aún soportando un solapado y diplomático enfrentamiento con la iglesia católica local (la cual parecería no comprender su propio fracaso, ni la extraordinaria fuerza que tiene el deseo por volver a vivir en un idílico mundo angelado, maravilloso, que convierte en trascendente lo inmanente, combatiendo el aburrimiento cotidiano por medio de la presencia de pacíficos «invasores» venidos de las estrellas.

De a poco, cual un oikos aristocrático griego que busca la autonomía extrema, desatendiendo de un modo sectario todo lo que lo rodea, los «Adoradores del Uritorco» se encapsulan en sus creencias milenaristas y mesiánicas, teniendo la más absoluta seguridad de seguir el sendero correcto que lleva a la «La Luz» y al más armonioso amor cósmico, en contacto permanente con la Naturaleza.

Elegidos (como se sienten) por los nuevos dioses y amparados por un discurso religioso e ideológico supuestamente tolerante, se creen los únicos portadores de verdades perennes, eternas, esotéricas (sólo accesibles a unos pocos), abrevando en una masa mística heterogénea y en la necesidad de sentir como verdadera una realidad sobrenatural, que ha desplazado la frontera con «lo real» hacía un punto diferente al que las mayorías ignorantes están habituadas.

Sumergirse en las sombras del Uritorco es, literalmente, entrar en otro mundo. Un inmenso ágora cooptado por el irracionalismo extremo y una absoluta falta de debate (que es, justamente, la que ha permitido la reproducción de los mensajes y anuncios delirantes que se transmiten y venden). Un universo ajeno a la herencia del iluminismo, de la que desconfían y a la que atacan abiertamente, sin prurito alguno, exhibiendo sus miserias y fracasos (que los tiene); pero desatendiendo sus enormes logros, que fueron los que nos condujeron a la modernidad[2].

Un nuevo orden, legitimado por la santificación de los extraterrestres, aleja a los creyentes del discurso crítico; acercándolos a otro basado en invocaciones y mantras mágicos. Los contactados, con extraordinarias dotes, terminan transformados en profetas de un mundo en el que el incrédulo no tiene cabida (¿macartismo místico?) y será oportunamente sancionado por el mismo pecado que produjo la caída de Adán y Eva: comer del Árbol del Conocimiento.

Pero la fe y el comercio no son antagónicos ni excluyentes. Capilla del Monte es un claro ejemplo de ello. Dentro de sus límites, la New Age, los seres intergalácticos y lo místico han repercutido exitosamente en el bolsillo de todos. Él éxito económico de la región es elocuente con sólo mirar los números más gruesos y compararlos con los de hace 40 años, o más. El esoterismo y la ufología conllevan al crecimiento comercial y éste, a su vez, legitima la cosmovisión dominante. Es lo más cercano a la ética protestante que podemos encontrar en el Valle de Punilla (y no deberíamos extrañarnos, muchas de las ideas y prácticas sectarias que circulan en la zona tienen su origen de los Estados Unidos).

Como todo espacio considerado sagrado, Capilla del Monte ha generado sus santuarios (Los Terrones, Las Puertas del Cielo, las Sierras del Pajarillo, el mismísimo Cerro Uritorco) y también sus pitonisas y sacerdotes. Muchos de estos últimos visten, en ocasiones especiales, túnicas y exóticas vestimentas; pero, por lo general, van de civil, confundiéndose entre la gente del común. A lo sumo exhibiendo alguna identificación que los acredita como «Guías de Turismo» y no faltan los que se apropian de títulos académicos (siendo el de «Profesor» el más vilipendiado). Ellos son los apóstoles del nuevo evangelio. Los porteros de la Nueva Era. Los depositarios del Conocimiento (con mayúscula). También los mártires incomprendidos, sostenedores de las duras críticas provenientes del escepticismo ateo y materialista de un mundo en decadencia.

Como región de fuertes y poderosas energías, la imaginación gestionó la aparición de una neomitología contemporánea, interesante y rica; en la que se entreveran aborígenes provenientes de Hiperbórea, deidades de origen germánico, bastones de poder y hasta el mismísimo Santo Grial, protegido por eternos caballeros templarios. En ese espacio lleno de magia y misticismo, el espiritismo kardeano se mixtura con los alienígenas propiciando hierofanías que, en otras épocas, hubieran pasado por milagros. Hoy, las manifestaciones sagradas en el Uritorco y sus inmediaciones tienen la forma de un ovni (entendiendo «ovni» como «nave extraterrestre»). Sus huellas y luces nocturnas se han transformado en una verdad que pocos niegan, a pesar de no existir ninguna prueba, científicamente acreditada, que indique que esas cosas son lo que dicen que son.

Historiar los interesantes fenómenos de la región, compenetrarse y participar en los rituales y discursos que los alimentan y sostienen, no deja de ser un viaje fascinante. Un viaje hacia «lo otro». Hacía el exotismo que tenemos al alcance de la mano. Que es parte de nuestra propia cultura. No es necesario incursionar por islas perdidas en busca de civilizaciones extrañas. Basta con convertirnos en exploradores de fin de semana, viajar al Valle de Punilla y entrar en contacto con una realidad que nos permita, al salir de ella, reafirmarnos mejor dentro de nuestros propios límites.

Buenos Aires, abril de 2016.


* Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la UNMdP (Argentina).

[1] Véase: Bajo la Sombra del Uritorco. Disponible en Web: https://www.academia.edu/23776194/BAJO_LA_SOMBRA_DEL_URITORCO. Además en: http://factorelblog.com/2016/03/30/mas-cronicas-erksianas-2/bajo_la_sombra_del_uritorco/ y en: http://www.monografias.com/trabajos108/sombra-del-uritorco/sombra-del-uritorco.shtml. Erksperiencias en el Uritorco. Crónica de un Viaje al universo esotérico de Capilla del Monte. Disponible en Web: https://www.academia.edu/21737998/ERKSperiencias_EN_EL_URITORCO._Cr%C3%B3nica_de_un_viaje_al_mundo_esot%C3%A9rico_de_Capilla_del_Monte; además en: http://www.monografias.com/trabajos107/erksperiencias-uritorco/erksperiencias-uritorco.shtml y en: http://factorelblog.com/wp-content/uploads/2016/03/ERKSPERIENCIA-EN-EL-URITORCO-FJSR-2016.pdf. 30 años conviviendo con extraterrestres (1986-2016). El singular caso del Uritorco en Capilla del Monte y su historia esotérica. Disponible en Web: https://www.academia.edu/21009671/30_A%C3%91OS_CONVIVIENDO_CON_EXTRATERRESTRES_1986-2016_._El_singular_caso_del_Uritorco_en_Capilla_del_Monte_y_su_historia_esot%C3%A9rica. Además en: http://www.monografias.com/trabajos107/30-anos-conviviendo-extraterrestres-sierras-cordoba/30-anos-conviviendoextraterrestres-sierras-cordoba.shtml. Un racionalista en Capilla. Disponible en Web: http://factorelblog.com/2015/10/15/un-racionalista-en-capilla/

[2] Los rasgos que definen a la modernidad son numerosos. He aquí algunos de ellos: antidogmatismo; admiración por el mundo concreto y las comprobaciones empíricas; coherencia racional; duda metódica; predominio de la razón; soberanía popular; rechazo a la doctrina divina del poder político; lucha contra las supersticiones, idea de progreso y optimismo.

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