Persistir en la crisis: un elogio a Luis Ruiz Noguez

Persistir en la crisis: un elogio a Luis Ruiz Noguez

Por Daniel Galarza Santiago

El escepticismo hoy en día está en crisis, mientras las creencias sin fundamento gozan de un auge que hace 15 o 20 años jamás pensé que llegaría a ver. Estas son dos afirmaciones tan poco estudiadas, pero tan evidentes para quienes hemos seguido el movimiento escéptico durante algún tiempo. Se puede mirar en las noticias internacionales con presidentes que contactan con el fantasma de su perro por medio del espiritismo o megalómanos de potencias mundiales que desprecian el sistema de vacunación y niegan a conveniencia la crisis climática; pero también lo miras a tu alrededor, con compañeros, amigos y familiares que se toman en serio el horóscopo para saber si le caerá bien un miembro nuevo del trabajo o de la escuela, mientras los conceptos ambiguos de las energías, la auras, el manifestar y las vibras se funden en su lenguaje cotidiano, sin importar si se trata de una persona joven o más madura, y eso solo por citar unos pocos pero preocupantes ejemplos que observo todos los días.

La crisis del escepticismo la vemos más quienes seguíamos nombres que identificábamos con la racionalidad, pero que hoy parecen absorbidos por la división ideológica, tristemente alejándose cada vez más del pensamiento crítico, pero también dando la espalda a los derechos humanos y el humanismo secular como pilares de una ética racionalista. Algunos que llegaron a promover el escepticismo científico hoy reniegan de éste, asegurando que solo se trata de una secta con demasiados líderes con aires de superioridad moral. Alegan que, o el escepticismo se perdió entre el auge de la extrema derecha o se estancó en la tibieza del debate ideológicamente neutral, salvo honradas excepciones de quienes defienden los derechos humanos desde otros frentes además del escepticismo propio.

Establecer cómo llegamos a este lugar está más allá de los objetivos de este escrito que, aunque no lo parezca, es un elogio a la persistencia y a la esperanza en que la situación pueda invertirse en el mediano plazo. Persistencia es precisamente lo que pocos defensores del pensamiento crítico pueden adjudicarse con orgullo. Y entre esos pocos, se encuentra el incansable Luis Ruiz Noguez y su blog Marcianitos verdes, como un espacio para la documentación monográfica de casi cualquier caso clásico del mundo paranormal, la ufología, la criptozoología o los eternos misterios de la historia.

El blog “del tal Noguez” es una referencia a la nostalgia entre quienes pudimos crecer con internet como recurso novedoso para buscar información. Cuando era adolescente, con mis típicas obsesiones por lo oculto y lo paranormal, frecuentaba portales de poca credibilidad como “fantasmas.com.mx”, “Mundo paranormal” o “Escalofrío.com”. Lento, pero seguro, comencé a toparme con portales que trataban lo paranormal de manera crítica. Mi página preferida en inglés era (y en parte sigue siendo) “skepdic.com”, el Diccionario de los escépticos, del difunto filósofo Robert Todd Carroll. Pero en español encontrabas joyas de blogs, como Magonia, de Luis Alfonso Gámez; El retorno de los charlatanes, de Mauricio-José Schwarz; Factor 302.4, de Alejandro Agostinelli; Sobrenatural.NET, del foro fundado por Lalo Márquez. Y también estaba el tal Noguez con Marcianitos verdes. La mitad de los portales ya mencionados están hoy en desuso o se actualizan cada alineación planetaria, siendo los portales de Agostinelli y el tal Noguez las honrosas excepciones.

Aunque Marcianitos verdes es considerado un portal de escepticismo científico por quienes sabemos quién es el tal Noguez, lo cierto es que el blog plantea cierta confusión al ser una suerte de hemeroteca ecléctica de lo paranormal y el misterio, donde igual se comparten traducciones de Mystery Planet como de ensayos originales que muestran una ácida crítica a aquellos casos de ovnis, monstruos o fantasmas refutados una y mil veces, que resurgen de vez en cuando, pero con nueva portada para las nuevas generaciones. La confusión se disipa cuando asumes que el objetivo del tal Noguez sigue siendo, como en sus primeros años siendo ufólogo, la responsabilidad de documentar para informar.

Puedes no creer en platillos voladores, casas embrujadas o en el chupacabras, pero tu postura se verá con poco fundamento cuando no conoces lo que los defensores en estas creencias tienen para decirnos a los demás, especialmente en lo que se refiere a la experiencia humana y el sentido de comunidad que brinda el saber que otros se sienten atraídos por los mismos fenómenos. Es ahí donde te das cuenta que, aunque seas un escéptico militante, compartes la pasión por estos temas incluso con el más fiel verdadero creyente. Y esa es, creo yo, la pasión que demuestra Noguez con Marcianitos verdes, al compartirnos diariamente por 20 años aquello que lo apasiona y lo acerca a creyentes, charlatanes y escépticos por igual.

La persistencia tan admirable, casi paranormal, del tal Noguez y sus Marcianitos verdes son, en mi humilde opinión, uno de varios ejemplos de lo que se puede hacer para cambiar la imagen pesimista con la que inicié este elogio. Tal vez los Marcianitos verdes no se encharcan demasiado seguido en la política o en los temas virales de las redes sociales, pero sí muestra un compromiso con la información y el pensamiento crítico tan humano y necesario como el de cualquier activista o influencer de YouTube o de Instagram. Esa persistencia y ese compromiso es lo que el movimiento escéptico necesita para reestablecer la unidad, la vigencia y el impacto de su mensaje en un mundo que no se recupera de la pandemia de desinformación que padece desde hace más de una década, para variar, teniendo como principal fuente de infección al hegemónico y ensimismado imperio de los Estados Unidos.

Es cierto que seguir hablando de ovnis y espectros no cambiará al mundo, pero, así como lo paranormal puede significar el inicio de una madriguera oscura en la que las personas se hunden cada vez más, a través de creencias más y más descabelladas, conspiranoicas y peligrosas, también puede ser, como en mi caso lo fue, una base de trampolín para acercarse con sincera curiosidad a aquello que realmente sabemos sobre el universo y sobre nosotros mismos. Comenzamos maravillados por las historias paranormales, pero seguimos extrañados cómo puede haber gente que no cree en estas historias asombrosas. Así, indagamos un poco más en mentes escépticas como la del tal Noguez, y comenzamos a caer en la cuenta que esas historias serán asombrosas, pero con poco o nulo sustento. Si seguimos por ese camino, quizás, nos demos cuenta que antes que creer, nos interesa saber. Y si nos interesa saber, es probable que Marcianitos verdes sea una buena primera parada para averiguar qué tan bien se sostienen nuestras más profundas creencias.

Felicito a Luis Ruiz Noguez por ese titánico trabajo que ha hecho incluso antes de tener Marcianitos verdes, y espero que esa pasión y persistencia le duren otros 20 años, y si se puede, unos 20 más después de esos.

Daniel Galarza Santiago

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *