¿Sueñan los extraterrestres mecánicos con humanos electrónicos?
Fernando LeFevre
Los fenómenos aéreos no identificados han sido desde siempre un espejo del imaginario colectivo. Desde aquellos misteriosos «airships» que anticiparon al dirigible y que fueron reportados entre 1896 y 1897 en el Medio Oeste americano y California, pasando por la oleada de «cohetes fantasmas» que asolaron Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca en 1946, las naves con forma de disco que surcaron la conciencia pública tras el avistamiento de Kenneth Arnold al año siguiente hasta las enigmáticas luces evanescentes y orbes sin morfología definida reportados en la actualidad, los ovnis han mutado en paralelo con los cambios producidos en una sociedad en constante cambio.
La hipótesis que se intenta desarrollar en este artículo es que la evolución en las descripciones de estos «objetos» refleja un desplazamiento desde un imaginario mecánico-industrial hacia uno digital influido por la revolución electrónica producida en el último cuarto del siglo XX y la asimilación y popularización de conceptos científicos complejos en el discurso cultural.
Trataremos de analizar cómo esta transformación reconfigura una mitología contemporánea respondiendo a una necesidad de religiosidad en una sociedad secular y mediada por la tecnología, que se percibe a sí misma como racional.
Este enfoque no pretende explicar la totalidad del fenómeno ovni ni descartar posibles dimensiones físicas aún no comprendidas, sino aportar herramientas para analizar sus aspectos culturales en contextos históricos específicos.
CHATARRA INTERGALÁCTICA
La oleada de dirigibles en Estados Unidos a fines del siglo XIX fue una serie de avistamientos masivos de supuestas aeronaves que sobrevolaron numerosas ciudades americanas. Los testigos describían objetos alargados, con luces eléctricas, hélices, timones y estructuras mecánicas visibles, que volaban a baja altura y a velocidad moderada. En algunos casos se hablaba incluso de aterrizajes y de encuentros con tripulantes, que curiosamente tenían un aspecto indistinguible del de un ser humano promedio.
El rasgo central de interés para nosotros es que estas aeronaves no eran interpretadas como extraterrestres. Por el contrario, se las entendía casi siempre como invenciones avanzadas, atribuibles a inventores desconocidos, empresarios audaces o genios anónimos. Esta lectura encajaba con el clima cultural de la época, marcado por el optimismo científico y la figura mítica del inventor solitario capaz de adelantarse a su tiempo.
La oleada americana de 1896–1897 puede considerarse un antecedente directo del fenómeno ovni moderno y un ejemplo temprano del funcionamiento de estos relatos como proyecciones del imaginario social más que como evidencia de tecnologías o entidades no humanas.
Para comprender en profundidad cómo se construye el fenómeno moderno de los ovnis, y para separarlo estructuralmente de sus antecedentes, es necesario partir de una premisa central: la presunción de su procedencia extraterrestre constituye la condición sine qua non de su carácter mítico.
Aunque a los primeros avistamientos de ovnis en la segunda mitad del siglo XX en un principio se los consideró como reportes de tecnología adversaria, pronto esa concepción sobre su naturaleza cambiaría radicalmente.
Las observaciones empezaron a ser concebidas como naves sofisticadas, análogas a los avances en aviación y cohetería que simbolizaban el progreso humano. Los ovnis eran vistos como prodigios técnicos que proyectaban nuestras expectativas tecnológicas en la naciente era espacial. Si nosotros podemos construir máquinas que nos transporten a otros mundos, ¿por qué no una o varias civilizaciones más antiguas y desarrolladas no podrían estar haciendo lo mismo en nuestro planeta?
Esta forma de entender lo extraterrestre era profundamente antropocéntrica pues las entidades que pilotaban estas máquinas eran casi siempre humanoides, que variaban desde estilizados seres rubios con un marcado sesgo supremacista (Adamski) mesiánicos al principio, hasta seres pequeños y de aspecto frágil, con cabezas grandes, ojos almendrados, asexuados y de piel verde o grisácea (Hill), que ya no eran portadores de mensajes de redención y evolución, sino más bien se presentaban como entes fríos, amorales, clínicos, de baja empatía.
En este contexto mecanicista-funcionalista, el fenómeno ovni todavía era percibido como una tecnología avanzada de otro mundo que, aunque desconocida, era análoga a la del ser humano.
Este arquetipo se consolidó gracias a la explosión mediática y cultural de la ciencia ficción de la época, en particular a través de películas como The Day the Earth Stood Still (Wise, 1951) o Close Encounters of the Third Kind (Spielberg, 1977), y en antecedentes de la ciencia ficción temprana, principalmente los relatos pulp publicados en revistas como Amazing Stories, que establecieron una estética clara del “otro” como tecnológicamente avanzado pero morfológicamente comprensible.
CIENCIA FICCIÓN Y RETROALIMENTACIÓN SIMBÓLICA
La ficción de anticipación no solo sirvió como vehículo para popularizar la noción del visitante alienígena, sino que también ofreció un marco narrativo para comprender y asimilar los avistamientos. Como señala Fredric Jameson en Arqueologías del futuro: El deseo llamado utopía y otras aproximaciones de ciencia ficción (2005), el género funciona como una forma de imaginación utópica que, inspirada en la conciencia anticipatoria de Ernst Bloch, permite a las sociedades proyectar sus deseos y temores tecnológicos en escenarios hipotéticos.
La ciencia ficción y los avistamientos de ovnis han estado en un proceso de retroalimentación constante. Mientras los informes influenciaban la estética y la narrativa del género, éste devolvía una forma estructurada y visualmente codificada, alimentando la imaginación colectiva.
Esta relación simbiótica generó un lenguaje visual y narrativo que permitió dotar de sentido al fenómeno. Los encuentros cercanos, las abducciones, las sondas y las advertencias apocalípticas se convirtieron en motivos recurrentes que trasladaron a los ovnis del campo de lo inexplicable al de lo narrativamente plausible, estableciendo una mitología moderna con sus propias reglas, arquetipos y símbolos.
DEL HARDWARE AL SOFTWARE
Con el advenimiento de la revolución digital a finales del siglo XX, la tecnología dejó de ser exclusivamente tangible. Las computadoras, internet y posteriormente los algoritmos de inteligencia artificial introdujeron una nueva forma de pensar lo tecnológico, ahora visto como ubicuo, invisible, descentralizado y abstracto. En paralelo, conceptos asociados a la física cuántica han sido incorporados en el discurso cultural, generalmente en forma metafórica y desvinculada de su significado técnico.
Los ovnis contemporáneos reflejan este cambio.
Por ejemplo, el Informe Anual Consolidado de Fenómenos Anómalos No Identificados (FANI) del ejercicio fiscal 2024 de la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO) indica que las luces no identificadas y los objetos esféricos constituyen la mayoría de los casos en los que los reportes proporcionaron características visuales distintas.
Por su parte en la base de datos del Centro Nacional de Reportes de ovnis (NUFORC), actualizada a 2026, las categorías más numerosas son: luces, con 29.019 reportes; esferas con 8.168; orbes con 7.895 y objetos variables con 4.581 registros.
En ambos casos, el porcentaje de reportes de objetos con forma discoidal sólo representan el 1%.
Las cifras muestran un claro aumento de reportes de fenómenos luminosos, esféricos o cambiantes en contraste con estructuras mecánicas sólidas, independientemente de su naturaleza última. Más del 95% de los avistamientos han podido ser resueltos apelando a confusiones perceptivas y otras causas convencionales. Esta proporción se ha mantenido estable desde los inicios de la investigación orientada a la identificación aeroespacial.
Las descripciones mencionadas resuenan con un imaginario digital donde los objetos no tienen una posición fija ni una forma estable, sino que parecen existir en un estado fluido, apenas perceptible, como si fueran «glitchs» dentro de la Matrix.
DE LOS ENCUENTROS CERCANOS A LOS REGISTROS ANÓMALOS
El auge de las tecnologías de vigilancia y registro (drones, cámaras de alta resolución, sensores infrarrojos) ha alterado la forma en que se observan y reportan en la actualidad aparentes anomalías aéreas.
Hoy, la experiencia del avistamiento no es necesariamente directa ni humana, sino mediada por aparatos que producen datos abstractos como puntos de calor, distorsiones, alteraciones en sensores y movimientos erráticos en un radar.
La narrativa deja de ser antropocéntrica y se convierte en tecnocéntrica. Ahora lo que importa no es la interacción con seres, ni la visualización de portentos tecnológicos sino la interpretación de datos digitales ambiguos. Este cambio ha desplazado el foco desde el “encuentro cercano” hacia el “registro anómalo”, creando una narrativa que se aleja de la materialidad de los objetos para centrarse en su fluidez morfológica y paradójicamente, en su carácter evanescente.
Aquí parece aplicar una ley cuando comparamos los registros de antaño con los actuales: la ambigüedad de la muestra es directamente proporcional al desarrollo tecnológico disponible para registrarla.
DE LA NOCIÓN DE PROGRESO A LA NOCIÓN DE TRASCENDENCIA
(la persistencia de lo sagrado en lo profano)
El lenguaje cuántico ha sido incorporado por la ciencia ficción reciente, como en Interstellar (Nolan, 2014) o Arrival (Villeneuve, 2016) y ha dado forma a una nueva manera de interpretar lo extraterrestre.
La apropiación cultural de este lenguaje se convierte así en una herramienta para interpretar lo supuestamente inexplicable en un nuevo marco simbólico. Si en su fase inicial la imaginería platillista remitía a un paradigma mecánico-newtoniano, reflejo de una sociedad industrializada, es decir la clásica ufología de tuercas y tornillos, en su manifestación actual nos remite a un imaginario metafísico, mediado por la tecnología digital y una distorsión de sentido de lo cuántico adaptado a una nueva cosmovisión que satisface una necesidad de trascendencia para una sociedad secularizada, tecnocéntrica e hiperconectada que aún se está adaptando a su nueva condición. Este imaginario satisface también la urgencia por un orden en el caos que implica esta situación de quiebre.
El mito ovni actúa así como intersección entre ciencia, paraciencia, pseudociencia, cultura y espiritualidad, una síntesis que refleja una sensibilidad posmoderna. En el paradigma mecanicista, los ovnis eran una proyección de progreso tecnológico, representaban un anclaje en una visión materialista-funcionalista; en el cuántico-digital, se convierten en una posibilidad de ruptura con ese esquema, la trascendencia de la materialidad.
Esta fusión entre ciencia y misticismo borra las fronteras entre lo racional y lo esotérico. Los usuarios de redes, por ejemplo, combinan referencias a la física cuántica con ideas sobre “ascensión espiritual” o “contacto galáctico”, creando un discurso híbrido que no busca coherencia lógica, sino resonancia emocional.
Otros, más sofisticados, teorizan sobre inteligencia artificial alienígena.
El mito ovni surge y se consolida precisamente cuando la cosmovisión científica parece haber despojado al mundo de misterio. Pero ese “desencantamiento”, en términos weberianos, no elimina la necesidad humana de sentido último, de trascendencia y alteridad radical.
Es la persistencia de lo sagrado en lo profano.
El fenómeno entonces se reviste de lenguaje técnico, con registros, informes, protocolos y testigos calificados, pero su estructura profunda sigue siendo mítica. La autoridad ya no es el sacerdote ni el profeta, sino la figura legitimada por su rol institucional. Sin embargo, la lógica es la misma. Hay un “más allá” que irrumpe en el orden cotidiano y lo desestabiliza.
Esta sacralidad, como no podía ser de otro modo, se presenta como presencia esquiva, nunca como una revelación final.
El ovni no se deja observar con claridad. Siempre se escapa o desaparece. Esa retirada permanente refuerza su estatuto simbólico. Lo sagrado no se ofrece a la inspección instrumental ni a la verificación. Cada intento de capturarlo fracasa, pero ese fracaso no debilita el mito. Por el contrario, lo fortalece, desplazando la creencia del terreno de la prueba al de la experiencia subjetiva.
Su fascinación persiste porque responde a una necesidad antropológica profunda. Incluso en sociedades que exaltan la razón, subsiste el anhelo de que exista una instancia superior que otorgue sentido, orden o corrección a un mundo percibido como caótico y moralmente fallido.
El de los ovnis es el mito adecuado para una época que ya no confía plenamente en la ciencia pero tampoco puede regresar a la religión, que sospecha del poder pero no puede prescindir de él, que anhela una verdad última pero desconfía de toda verdad que se presente como definitiva
EL OVNI COMO SÍNTOMA POSMODERNO
Mientras que en las décadas de 1960 y 1970 abundaban los relatos de contacto con seres extraterrestres, en la actualidad estos encuentros han disminuido de manera progresiva en el registro institucional y popular. Dicha disminución no es azarosa, sino que responde a un cambio en la forma en que se construye nuestra relación con los bordes de lo conocido y también con nuestra interpretación de «la realidad». En una cultura hiperconectada y mediada tecnológicamente, el testimonio humano ha perdido autoridad frente al dato digital.
Como sugiere Giddens (1991), en la era postindustrial el “yo” se reconstruye constantemente en relación con los sistemas expertos, y en este caso, los sensores y las nuevas tecnologías se han convertido en los nuevos “testigos de lo real”.
El mito ovni no solo ha evolucionado en su forma, sino también en su función cultural, convirtiéndose en un síntoma paradigmático del posmodernismo.
Lyotard, en su obra La condición posmoderna (1979), describe la posmodernidad como una época de “incredulidad hacia las metanarrativas”, donde las grandes verdades universales son reemplazadas por relatos fragmentados y subjetivos.
Los ovnis encarnan esta fragmentación, son un significante vacío, un símbolo que absorbe significados diversos según el contexto, pues para algunos representan la esperanza de contacto con civilizaciones avanzadas; para otros, son prueba de una conspiración centrada en la vigilancia tecnológica o exteriorizan la ansiedad existencial propia de este tiempo.
El ovni cumple así con la función de texto posmoderno abierto a la interpretación infinita.
La desconfianza hacia las instituciones, otro rasgo posmoderno, también permea el mito. Los informes oficiales, como el Preliminary Assessment: Unidentified Aerial Phenomena del Pentágono (2021), que documenta 144 casos sin explicación concluyente, no logran satisfacer a una audiencia escéptica. En lugar de aceptar narrativas autorizadas, los entusiastas recurren a la especulación colectiva, alimentada por documentales, podcasts y foros en línea.
La democratización del conocimiento, aunque empoderadora, también genera un terreno fértil para la desinformación, un fenómeno que el filósofo Jean Baudrillard describiría como una “hiperrealidad” donde la distinción entre hecho y ficción se disuelve.
LA DINÁMICA DEL RUMOR Y UNA MITOLOGÍA LÍQUIDA
La dinámica del rumor es fundamental para comprender cómo se difunden, se transforman y persisten los mitos en las sociedades modernas. A diferencia de los contextos tradicionales donde los mitos se integran en un legado intergeneracional y se transmiten mediante instituciones ritualizadas, en las sociedades contemporáneas los mitos ya no dependen de marcos religiosos estables, sino de su capacidad de circular, adaptarse y reconfigurarse continuamente.
En las culturas primitivas, los mitos cumplen funciones cosmológicas, normativas e identitarias. Su estabilidad proviene tanto de la autoridad de los narradores legitimados como del carácter ritual de su transmisión.
Estos relatos no son realmente inmutables, pero sus transformaciones son lentas y se producen dentro de límites bien definidos. La comunidad los reconoce como parte de su herencia, lo que garantiza su continuidad y su resistencia al cambio abrupto.
En cambio, en las sociedades modernas los mitos circulan de manera descentralizada, sin un canon unificado ni instituciones sólidas que regulen su contenido o interpretación. Compiten con múltiples relatos, se hibridan con discursos laicos, científicos o pseudocientíficos, y se adaptan rápidamente a audiencias diversas.
La fluidez es entonces condición de supervivencia. Y esa fluidez depende, en gran medida, de la dinámica del rumor. Es justamente el rumor el que actualiza el mito, lo valida socialmente y lo mantiene en movimiento. El mito, como las sociedades de Bauman, es líquido. Al circular, cada variación introduce un nuevo matiz, mantiene vivo el relato en un entorno mediático rápido y fragmentado.
Esto se ve con claridad en el mito ovni. Aunque las redes sociales han alterado profundamente la producción y la circulación del rumor al desplazar al ufólogo clásico como intermediario privilegiado (y también los testimonios han sido desplazados a su vez por los «registros anómalos» que circulan en crudo) el ufólogo o el periodista especializado siguen cumpliendo un rol central. Si antes el ufólogo funcionaba como agente de dispersión del rumor, amplificando el testimonio y muchas veces moldeándolo mediante preguntas que orientaban la interpretación del testigo hacia el marco mítico ya establecido, hoy cumple una función distinta pero igual de decisiva, la de intérprete del mito para el gran público.
El ufólogo actual continúa siendo quien dota de significado a la masa de relatos e imágenes que circulan sin mediación. En un ecosistema de información saturado, no basta con que exista material, sino que hace falta un marco narrativo. Y ahí el ufólogo sigue siendo clave, porque traduce, ordena y reencuadra las experiencias dispersas dentro del mito ovni contemporáneo. Sigue conservando su rol de «curador de sentido».
1-La plasticidad como recurso de supervivencia
La utilización del término “líquido” aplicado al mito ovni no debe entenderse en el mismo sentido en que Bauman lo emplea para caracterizar a la modernidad tardía. En Bauman, la liquidez designa una condición social general, la disolución de estructuras estables, la fragilidad de los vínculos, la pérdida de marcos normativos duraderos y la tendencia a lo transitorio, lo reemplazable y lo precario. Lo líquido, en su obra, remite ante todo a la erosión de toda forma de permanencia significativa y a la dificultad de cristalizar sentidos compartidos a largo plazo.
En el caso del mito ovni el término no apunta a negar su persistencia histórica ni su capacidad de atravesar culturas y épocas, rasgos que efectivamente lo emparentan con los grandes relatos mitológicos en el sentido que les atribuye Campbell, sino todo lo contrario. El núcleo simbólico del fenómeno ha demostrado una notable continuidad y difícilmente pueda ser considerado efímero o condenado a desaparecer. En este punto, el mito ovni se comporta de manera opuesta a los fenómenos líquidos de Bauman, ya que no se diluye ni se extingue con el paso del tiempo.
La noción de liquidez se emplea aquí en un sentido más restringido y analítico, para describir no la duración del mito, sino su forma cultural concreta y su modos de manifestarse a través de los momentos históricos. A diferencia de los mitos tradicionales, el de los ovnis carece de un canon, de una teogonía y de un marco doctrinal que lo estabilice. Su significado no se conserva intacto, sino que se redefine de manera constante en función del contexto histórico, tecnológico y cultural en el que emerge.
Precisamente porque no se cierra en una narrativa definitiva, porque nunca se resuelve ni se clausura, el fenómeno permanece siempre abierto, siempre en tránsito, siempre a punto de revelarse.
2- Hacia una mitología en constante mutación
Siguiendo la huella de Berger y Luckmann, podemos entender el mito ovni como parte de la construcción social de la realidad, una narrativa negociada entre lo material (tecnología, ciencia) y lo simbólico (cultura, imaginación).
La institucionalización del tema, como muestra el papel del AARO, implica una redefinición del capital cultural que rodea a los ovnis porque ya no son tema de «locos» o “conspiranoicos”, sino de análisis técnico y científico, aunque la ambigüedad persista.
Nuestro análisis nos invita a considerar que este fenómeno o conjunto de fenómenos hipotéticos no deben estudiarse únicamente como algo físico, sino como construcciones sociales y culturales que condensan ansiedades, deseos y horizontes de una sociedad en transformación. En el «mercado de significados» descrito por Bourdieu, el relato sobre los ovnis se convierte en un bien cultural negociado, cuya legitimidad depende del contexto tecnológico, científico y mediático en el que circula. Futuras investigaciones podrían explorar cómo el acceso a la tecnología influye en la distribución geográfica y social de los reportes, o cómo los marcos ideológicos condicionan la interpretación de los avistamientos. También sería pertinente estudiar la dimensión ritual y comunitaria en plataformas digitales, donde usuarios comparten videos, teorías y experiencias en una suerte de liturgia secular del misterio. En un mundo cada vez más regido por lo intangible, los ovnis actúan como un recordatorio de que el mito, como herramienta de orden, aún persiste, y que nuestras formas de imaginarlo seguirán evolucionando en paralelo con nuestra comprensión del mundo.
El mito ovni nos desafía a cuestionar no solo lo que vemos en el cielo, sino también a explorar cómo y con qué herramientas construimos y moldeamos nuestra mayor ficción, eso que llamamos «ser humano».
Fuentes y referencias:
Berger, Peter L. & Luckmann, Thomas. The Social Construction of Reality: A Treatise in the Sociology of Knowledge (1966).
Bostrom, Nick. “Are You Living in a Computer Simulation?” Philosophical Quarterly, vol. 53, no. 211, 2003.
Bourdieu, Pierre. “The Forms of Capital” (1986), dentro del libro Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education, editado por John G. Richardson.
Eghigian, Greg. After the Flying Saucer Came: A Global History of the UFO (2024).
Giddens, Anthony. Modernity and Self-Identity: Self and Society in the Late Modern Age (1991).
Jameson, Fredric. Archaeologies of the Future: The Desire Called Utopia and Other Science Fictions (2005).
Jung, Carl. Flying Saucers: A Modern Myth of Things Seen in the Skies. Routledge, 1959.
Lyotard, Jean-François. La condición posmoderna. Cátedra, 1979.
McCray, W. Patrick. Keep Watching the Skies! Princeton University Press, 2008.
ODNI (Office of the Director of National Intelligence). Preliminary Assessment: Unidentified Aerial Phenomena. 2021.
Informe Anual Consolidado FY2024 de AARO (noviembre 2024): https://media.defense.gov/2024/Nov/14/2003583603/-1/-1/0/FY24-CONSOLIDATED-ANNUAL-REPORT-ON-UAP-508.PDF
Estadísticas por forma del NUFORC (datos en tiempo real): https://nuforc.org/ndx/?id=shape
Tendencias de reportes FANI de AARO (1996-2024, con desglose de morfologías): https://www.aaro.mil/Portals/136/Images/UAP%20Reporting%20Trends/AARO_Trends_1996_2024_508.pdf