¿Qué pasó en la isla Maury?
Harold Dahl, un marinero alto, de hombros anchos y corpulento(1), entrecerró los ojos para mirar al cielo el 21 de junio de 1947, aproximadamente a las 2 de la tarde. Se había llevado a su hijo Charles, al perro de la familia y a dos tripulantes —cuyos nombres han quedado prácticamente perdidos en la historia— en la lancha patrullera para recuperar troncos que pudieran volver a venderse a lo largo de la costa de una bahía que rodea la isla Maury, en el estrecho de Puget, cerca de la ciudad maderera de Tacoma, Washington. Al enfocar la vista, se dio cuenta de que seis grandes platillos voladores se cernían y giraban sobre él a unos 2000 pies de altura.
Dahl no identificó exactamente a los objetos como «platillos voladores», ya que el uso popular de ese término aún se encontraba en un futuro no muy lejano. Las revistas pulp de ciencia ficción ya habían acuñado el término, pero nada sugiere que Dahl leyera ese tipo de publicaciones o tuviera interés en los ovnis.(2)
Vio aeronaves con forma de donas. Cinco de ellas rodeaban lentamente a una sexta que se balanceaba. No tenían signos visibles de propulsión y medían unos 100 pies de diámetro, con «agujeros» de dona en el centro de unos 25 pies de diámetro. Dahl describió más tarde su color como «dorado como una concha» y plateado, brillando de diversas maneras, «como el tablero de un Buick».
Unos ojos de buey de cinco a seis pies de diámetro rodeaban su exterior; un círculo oscuro a modo de ventana giraba alrededor del interior y en la parte inferior. «Parecían completamente redondas, pero se veían un poco aplastadas en la parte superior e inferior, como si colocaras una tabla grande sobre una cámara de aire y la aplastaras ligeramente».(3)
La nave central siguió inclinándose y perdió altitud. A Dahl y a sus compañeros de barco —quienes también se quedaron hipnotizados por los platillos silenciosos— les pareció que iba a estrellarse contra la bahía. El equipo se dirigía hacia la orilla; ahora aceleraron el paso, vararon la lancha y sacaron una cámara. Dahl tomó tres o cuatro fotografías del espectáculo aéreo. Mientras el platillo central descendía, sus cinco compañeros permanecieron a unos 200 pies por encima de él. El platillo central detuvo su descenso tambaleante a unos 500 pies sobre la bahía.
La inquietante escena se congeló durante poco más de cinco minutos. Entonces, una de las naves que volaban en
círculos rompió filas y se acercó a su compañera en apuros, que ahora permanecía inmóvil. Tocó la nave inferior y también se quedó quieta. Según Dahl, fue «como si le estuviera brindando algún tipo de ayuda durante unos tres o cuatro minutos». Luego, se escuchó un golpe sordo. Una enorme cantidad de material metálico delgado, blanco y similar al papel de periódico comenzó a caer desde el centro del platillo central, flotando en su mayor parte hacia el agua de la bahía. Una segunda sustancia negra comenzó a caer sobre Dahl y sus compañeros. Era más oscura y se asemejaba a la roca volcánica. Estos fragmentos parecían estar calientes y provocaron que se elevara vapor de la bahía al impactar. Dahl estimó más tarde que debieron de caer unas veinte toneladas. Su tripulación corrió a refugiarse, pero un fragmento golpeó y quemó el brazo de su hijo Charles. Otro golpeó y mató al perro. El platillo central se elevó entonces y condujo a las otras seis naves hacia mar abierto.
Dahl no menciona cuánto tiempo él y los demás se quedaron mirando los platillos que se alejaban y el cielo en el que se desvanecieron. Recuperaron la compostura lo suficientemente pronto como para que los restos de las dos sustancias misteriosas aún ardieran cuando los subieron al barco. El barco había sufrido algunos daños en el área cerrada de la cubierta donde se encontraba el timón. En algún momento, Dahl y compañía arrojaron el cadáver del perro al agua y se dedicaron a hablar de su experiencia. Mientras el barco regresaba a Tacoma, Dahl intentó establecer contacto por radio, pero las fuertes interferencias se lo impidieron. En Tacoma, Dahl llevó a su hijo a recibir atención médica. Luego fue a explicarle a Fred Lee Crisman los daños del barco y la desaparición del perro.
Notas:
1 Descripción física de Dahl tomada del manuscrito inédito de Jim Pobst, What Happened in Room 502?, y de The Coming of the Saucers, de Kenneth Arnold y Ray Palmer, Amherst, WI: Palmer, 1952.
2 Jon Pobst señala que la Biblioteca Pública de Tacoma contaba en ese momento con más de 150,000 volúmenes, pero ninguno sobre platillos voladores. Pobst, Jon, What Happened in Room 502?, manuscrito inédito.
3 El relato de primera mano de Harold Dahl sobre sus experiencias en la isla Maury, tal como lo relató el piloto Kenneth Arnold, apareció originalmente en The Shaver Mystery Magazine, volumen II, n.º 1, 1948. Arnold reiteró la historia en The Coming of the Saucers.
Thomas Kenn, JFK & UFO. Military-Industrial Conspiracy and Cover Up from Maury Island to Dallas, Feral House, Washington, 2011. pp. 18-19.